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El Acuerdo entre la Unión Europea y Marruecos, 'Tres mitos y un destino'
El Acuerdo entre la Unión Europea y Marruecos, 'Tres mitos y un destino'
Vicent Boix / Escritor Y Responsable De Ecología Social De Belianís | Actualizado 05.02.2011 - 01:00EN septiembre de 2010, la Comisión Europea ratificaba el Acuerdo Bilateral entre la UE y Marruecos para liberalizar el comercio de productos agrícolas y pesqueros. El primero de diciembre, fue el Comité de Representantes Permanentes de los Estados miembros de la UE (órgano que prepara los trabajos del Consejo) quién daba el visto bueno al texto, que era aprobado el 13 de diciembre por el Consejo de Ministros de la UE, haciendo caso omiso a las demandas de muchas organizaciones agrarias del continente. Ahora la última palabra la tiene el Parlamento Europeo, que puede ratificarlo o no.
A grandes rasgos y sin entrar en detalles, el acuerdo consiste fundamentalmente en la liberalización del comercio mediante el desmantelamiento arancelario, para que los productos agroalimentarios puedan fluir con más facilidad entre las dos regiones. Lógicamente esta apertura aumentará el comercio mutuo, lo cual, una vez maquillado, condimentado y trufado, se vende como un avance y una oportunidad de negocio inigualable. Las cifras burbujean y los miles de millones de euros que se generarán soslayan la cuestión principal ¿Se benefician los millones de agricultores marroquíes y europeos de esta apertura? Para despejar mínimamente la x retrocederemos un poco en el tiempo, concretamente hacia las épocas más doradas del "republicanismo bananero". A finales del s. XIX, el cónsul estadounidense desplazado en Honduras escribía: "debido a la inseguridad de los transportes y a los bajos precios, por estar aquéllos en manos de un monopolio, durante el año 1888 se exportaron menos de 100.000 racimos de plátanos".
Hacía dos décadas que EE.UU. había descubierto los plátanos y un floreciente comercio había germinado entre el centro y el norte de América. En las postrimerías del s. XIX la producción de plátanos estaba en manos de agricultores hondureños y la comercialización era dirigida por empresas navieras estadounidenses. El modelo agroexportador, en principio generaba riqueza para los campesinos hondureños, pero con el paso del tiempo, ciertas empresas navieras controlaron el transporte y por lo tanto el comercio y los precios.
Ya iniciado el s. XX, la situación se agravó porque dos multinacionales acapararon parte de la producción y toda la comercialización entre EE.UU. y seis países centroamericanos. Ríos de tinta se han escrito acerca de los desmanes de las compañías agroexportadoras en estos países. Es cierto que el comercio de plátanos generó mucha riqueza y oportunidades de negocio, pero para las dos empresas que intermediaban entre las fincas y el consumidor norteamericano.
Mito 2: El agricultor europeo se beneficiará de la apertura comercial. Primero (de España a Marruecos). 123 años han pasado y el modelo no sólo se repite sino que se perpetúa. Si en Centroamérica fueron primero las navieras y luego dos transnacionales fruteras las que controlaron el comercio, en la España del s. XXI son los intermediarios y la distribución moderna quién monopoliza la oferta y establece los precios: entre 1.790.162 explotaciones agrarias y 46 millones de consumidores, en 2005 existían 7 supermercados que controlaban el 75% de la venta de alimentos. Esta posición de dominio en la cadena alimentaria también se repite cuando se trata de exportar a mercados foráneos. La mentada situación de oligopolio se traduce en un control de los precios: la distribución marca el de compra a los agricultores y establece el de venta a los consumidores. Y no hay datos que mejor vislumbren el saqueo al agricultor que el Índice de Precios en Origen y Destino de los Alimentos (Ipod), creado por Coag y las organizaciones de consumidores UCE y Ceaccu. En el estudio del año 2010, los alimentos, de media, multiplicaban un 450% su valor desde el agricultor al consumidor. Por eso, en su balance agrario de 2010, Coag indicaba que "los bajos precios en origen, impuestos por una gran distribución que abusa de su posición de dominio sobre los productores, en un mercado que se caracteriza por el desequilibrio y la falta de regulación, han continuado en 2010, especialmente en leche de vaca y cabra, olivar, uva de vinificación, porcino y gran parte de las frutas y hortalizas" y sentenciaba claramente que "los agricultores y ganaderos han sido utilizados como mano de obra barata por industria y distribución".
Las consecuencias son dramáticas en el campo y por eso desde hace años las organizaciones agrarias están exigiendo mecanismos reguladores para establecer precios dignos. Sin embargo, las diferentes administraciones hacen oídos sordos a las demandas de los pequeños agricultores y ganaderos mientras liberalizan el mercado. Por lo tanto, por muchos mercados que se abran en Marruecos, la Luna y en la Constelación Alfa Centauro, mientras no se regule el comercio para evitar fluctuaciones y para garantizar precios justos, los agricultores y ganaderos seguirán siendo "mano de obra barata para la industria y la distribución".
Segundo (de Marruecos a España). El gran temor de la agricultura europea es que, con el Acuerdo, se liberalizarán muchos productos que entraban con arancel, con precio mínimo o en una cantidad limitada por contingentes y temporadas. Con este acuerdo y sin salvaguardas, los productos provenientes de Marruecos, mucho más baratos, competirán y desplazarán la producción local. Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya ya ha hecho sus primeras estimaciones: los aranceles se reducirán un 30% y el cítrico marroquí tendrá un precio de 0,264 euros/kg, cuando el coste de producción del catalán es de 0,514 euros/kg. Las clementinas ascenderán a 0,484 euros/kg por los 0,747 euros/Kg de las locales. Por tanto, si ya son insultantes los precios impuestos por intermediarios, con la entrada de productos más baratos los valores bajarán más. En otro orden de cosas, se puede argüir que el menor precio beneficiará al consumidor que podrá adquirir alimentos baratos. Pero esto no es el todo cierto, porque la posición monopólica de la distribución le permite establecer el precio de venta. El Ipod ilustra este hecho en productos que se encarecen hasta un 1000% del campo a la mesa. Y en algunos centros comerciales de Europa las mandarinas se están vendiendo a 3 y 4 euros el kilo, cuando al citricultor español se lo pagan a 30 céntimos. No existe ni correspondencia ni solidaridad entre los precios de compra y venta.
Mito 3: El agricultor marroquí se beneficiará de la apertura comercial. En el país africano el 90% de la población rural (una tercera parte de la población marroquí) cultiva para subsistir y para vender en mercados locales. Sus tierras ocupan el 80% de la superficie cultivable y como dice la propia Embajada española en Rabat: "garantizan la seguridad alimentaria de cerca de 35 millones de consumidores". Por tanto, estamos ante un modelo dominado por pequeños productores, basado en la soberanía alimentaria, en la autosuficiencia y que no exporta. Para estos millones de agricultores (el 80% del total) el Acuerdo comercial poco bueno puede aportarles y sus cultivos no son una amenaza para los europeos. Ahora bien, aquel que decida meterse en el pastel de la exportación a la UE, tendrá que pasar por el aro del intermediario o exportador (de Marruecos a Europa). Con la apertura comercial en los mercados de Marruecos aparecerán productos europeos, que competirán con la producción local y pueden desplazar a esos millones de campesinos poniendo en riesgo la seguridad alimentaria (de Europa a Marruecos).
A grandes rasgos y sin entrar en detalles, el acuerdo consiste fundamentalmente en la liberalización del comercio mediante el desmantelamiento arancelario, para que los productos agroalimentarios puedan fluir con más facilidad entre las dos regiones. Lógicamente esta apertura aumentará el comercio mutuo, lo cual, una vez maquillado, condimentado y trufado, se vende como un avance y una oportunidad de negocio inigualable. Las cifras burbujean y los miles de millones de euros que se generarán soslayan la cuestión principal ¿Se benefician los millones de agricultores marroquíes y europeos de esta apertura? Para despejar mínimamente la x retrocederemos un poco en el tiempo, concretamente hacia las épocas más doradas del "republicanismo bananero". A finales del s. XIX, el cónsul estadounidense desplazado en Honduras escribía: "debido a la inseguridad de los transportes y a los bajos precios, por estar aquéllos en manos de un monopolio, durante el año 1888 se exportaron menos de 100.000 racimos de plátanos".
Hacía dos décadas que EE.UU. había descubierto los plátanos y un floreciente comercio había germinado entre el centro y el norte de América. En las postrimerías del s. XIX la producción de plátanos estaba en manos de agricultores hondureños y la comercialización era dirigida por empresas navieras estadounidenses. El modelo agroexportador, en principio generaba riqueza para los campesinos hondureños, pero con el paso del tiempo, ciertas empresas navieras controlaron el transporte y por lo tanto el comercio y los precios.
Ya iniciado el s. XX, la situación se agravó porque dos multinacionales acapararon parte de la producción y toda la comercialización entre EE.UU. y seis países centroamericanos. Ríos de tinta se han escrito acerca de los desmanes de las compañías agroexportadoras en estos países. Es cierto que el comercio de plátanos generó mucha riqueza y oportunidades de negocio, pero para las dos empresas que intermediaban entre las fincas y el consumidor norteamericano.
Mito 2: El agricultor europeo se beneficiará de la apertura comercial. Primero (de España a Marruecos). 123 años han pasado y el modelo no sólo se repite sino que se perpetúa. Si en Centroamérica fueron primero las navieras y luego dos transnacionales fruteras las que controlaron el comercio, en la España del s. XXI son los intermediarios y la distribución moderna quién monopoliza la oferta y establece los precios: entre 1.790.162 explotaciones agrarias y 46 millones de consumidores, en 2005 existían 7 supermercados que controlaban el 75% de la venta de alimentos. Esta posición de dominio en la cadena alimentaria también se repite cuando se trata de exportar a mercados foráneos. La mentada situación de oligopolio se traduce en un control de los precios: la distribución marca el de compra a los agricultores y establece el de venta a los consumidores. Y no hay datos que mejor vislumbren el saqueo al agricultor que el Índice de Precios en Origen y Destino de los Alimentos (Ipod), creado por Coag y las organizaciones de consumidores UCE y Ceaccu. En el estudio del año 2010, los alimentos, de media, multiplicaban un 450% su valor desde el agricultor al consumidor. Por eso, en su balance agrario de 2010, Coag indicaba que "los bajos precios en origen, impuestos por una gran distribución que abusa de su posición de dominio sobre los productores, en un mercado que se caracteriza por el desequilibrio y la falta de regulación, han continuado en 2010, especialmente en leche de vaca y cabra, olivar, uva de vinificación, porcino y gran parte de las frutas y hortalizas" y sentenciaba claramente que "los agricultores y ganaderos han sido utilizados como mano de obra barata por industria y distribución".
Las consecuencias son dramáticas en el campo y por eso desde hace años las organizaciones agrarias están exigiendo mecanismos reguladores para establecer precios dignos. Sin embargo, las diferentes administraciones hacen oídos sordos a las demandas de los pequeños agricultores y ganaderos mientras liberalizan el mercado. Por lo tanto, por muchos mercados que se abran en Marruecos, la Luna y en la Constelación Alfa Centauro, mientras no se regule el comercio para evitar fluctuaciones y para garantizar precios justos, los agricultores y ganaderos seguirán siendo "mano de obra barata para la industria y la distribución".
Segundo (de Marruecos a España). El gran temor de la agricultura europea es que, con el Acuerdo, se liberalizarán muchos productos que entraban con arancel, con precio mínimo o en una cantidad limitada por contingentes y temporadas. Con este acuerdo y sin salvaguardas, los productos provenientes de Marruecos, mucho más baratos, competirán y desplazarán la producción local. Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya ya ha hecho sus primeras estimaciones: los aranceles se reducirán un 30% y el cítrico marroquí tendrá un precio de 0,264 euros/kg, cuando el coste de producción del catalán es de 0,514 euros/kg. Las clementinas ascenderán a 0,484 euros/kg por los 0,747 euros/Kg de las locales. Por tanto, si ya son insultantes los precios impuestos por intermediarios, con la entrada de productos más baratos los valores bajarán más. En otro orden de cosas, se puede argüir que el menor precio beneficiará al consumidor que podrá adquirir alimentos baratos. Pero esto no es el todo cierto, porque la posición monopólica de la distribución le permite establecer el precio de venta. El Ipod ilustra este hecho en productos que se encarecen hasta un 1000% del campo a la mesa. Y en algunos centros comerciales de Europa las mandarinas se están vendiendo a 3 y 4 euros el kilo, cuando al citricultor español se lo pagan a 30 céntimos. No existe ni correspondencia ni solidaridad entre los precios de compra y venta.
Mito 3: El agricultor marroquí se beneficiará de la apertura comercial. En el país africano el 90% de la población rural (una tercera parte de la población marroquí) cultiva para subsistir y para vender en mercados locales. Sus tierras ocupan el 80% de la superficie cultivable y como dice la propia Embajada española en Rabat: "garantizan la seguridad alimentaria de cerca de 35 millones de consumidores". Por tanto, estamos ante un modelo dominado por pequeños productores, basado en la soberanía alimentaria, en la autosuficiencia y que no exporta. Para estos millones de agricultores (el 80% del total) el Acuerdo comercial poco bueno puede aportarles y sus cultivos no son una amenaza para los europeos. Ahora bien, aquel que decida meterse en el pastel de la exportación a la UE, tendrá que pasar por el aro del intermediario o exportador (de Marruecos a Europa). Con la apertura comercial en los mercados de Marruecos aparecerán productos europeos, que competirán con la producción local y pueden desplazar a esos millones de campesinos poniendo en riesgo la seguridad alimentaria (de Europa a Marruecos).

