El reportaje

Efectos de la minería en el medio natural y humano

El extraordinario desarrollo de la minería a partir de 1820 trajo consigo que el monte bajo se complementara con la leña de encina · Esto suscitaría una mayor resistencia de las autoridades

Pedro Ponce Molina / / Historiador | Actualizado 11.03.2012 - 05:01
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EL combustible utilizado en las fundiciones era vegetal, monte bajo especialmente esparto, el cual experimentaría una merma inconmensurable por los arranques incontrolados.

El impacto ambiental fue haciéndose cada vez más patente, a pesar de los esfuerzos del municipio por su cuidado, detectable ya en Fondón desde el siglo XVI, y de ciertos vaticinios que desgraciadamente se cumplirían, como el de Simón de Rojas Clemente en 1805: "la destrucción de las fábricas de Padules, Canjáyar, El Presidio, etc. se teme que será la falta de leñas, pues no se observó regla para su arranque y corte".

El extraordinario desarrollo de la minería a partir de 1820 trajo consigo que el monte bajo se complementara con la leña de encina. Esto suscitaría una mayor resistencia de las autoridades, sobre todo a partir de 1837, año en el que todavía el concejo de Fondón subastó 1.000 pies de encinas, asignadas a Francisco Godoy Peralta importante fundidor local, culminando en 1851, cuando en la Sierra de Gádor la situación era prácticamente irremediable.

En 1805 Simón de Rojas Clemente escribe: "La Sierra de Gádor, en su parte de la jurisdicción de Dalias, tiene grandes encinares en sus barrancos, principalmente doscientos y cincuenta mil pies de encinas tiene a lo menos en ella Dalías. De que para conservar lo poco que les queda en las cercanías de la fábrica de plomo de Laujar, han cortado algo para carbón que sirviera a ésta, mas los carboneros, ajustados con la fábrica a tanto por arroba, mal pagados, hacían mucho más para vender a otros".

En 1859 Manuel Rodríguez Carreño en su Topografía Médica y Estadística de la villa de Dalias, dice: "en la Sierra de Gádor bajo su jurisdicción, en días no muy remotos estaban poblados de encinar y suministraba abundante combustible al pueblo, que han hecho desaparecer las repetidas cortas y consumos de las fábricas de fundición, con inminente riesgo de la villa por las avenidas y arrastres. Hacia la parte noroeste de dicho sitio hay una corta extensión de monte bajo que sería muy conveniente guardar".

El impacto medioambiental de la minería, aunque brutal respecto a la vegetación, afectó también a los suelos de la sierra y a las aguas ya desde tempranas fechas, anteriores a la gran explotación minera del siglo XIX. En 1725 y 1726 el concejo de Fondón pleitea contra dos vecinos de Presidio, fabricantes de plomo, desplazados al barranco del Hornajuelo, por la contaminación de sus aguas.

Presidio en 1860, cuenta con 1.011 habitantes y 333 casas y "albergues". En el núcleo de población se localizan 197 casas: 85 de planta baja, 110 baja y alta, y 2 constan de bajo y dos plantas altas. Dispersos por su territorio nos encontramos: seis cortijos/casas de labor (Montero, Hoya de los Álamos, Pilarejo, Santa Bárbara, Solana y Soplón); 122 albergues de labradores y mineros; tres casas: una, abandonada la de la "Fábrica del Rey", a 0,6 km. del pueblo; dos almazaras e igual número de molinos harineros (Molinillo y Solana).

Fondón/Benecid en 1860 tenían 3.360 habitantes y 708 edificios (casas, albergues, etc.). En Fondón existían 501 casas: 167 de planta baja, 254 con baja y alta, 62 bajo y dos plantas, 4 cuentan con planta baja y tres altas, y 14 "albergues". En Benecid se contabilizan 167 casas: 72 de planta baja, 93 de baja y alta, y 2 presentan bajo y dos altos. Esparcidos por su espacio aparecen: siete cortijos/casas de labor; tres albergues de labradores; dos casas y un albergue en la Loma de Balsa Blanca; diecisiete "casas de mineros" (Cerrillo del Coto dos a 1,3 km. de Fondón, Cierzo dos a 0,6, Los Colorados una a 8,3 km., Hoyos de Mancha una a 11,1 y Solana del Río once a 1,3 km.); siete molinos harineros; la "fábrica abandonada" de San Aquilino se localiza a 0,3 km. de Fondón y la "Venta de Ginés" a 0,6 Km.

La profunda crisis de la minería en el tiempo que va de 1860 a 1900 trajo consigo un espectacular descenso de la población, así en el último año Presidio contaba con 499 habitantes, Fondón 1.524, Benecid 434 y el "diseminado" a más de quinientos metros de su mayor núcleo 108.

Con la desaparición de la actividad extractiva y fundidora de galena (mineral de sulfuro de plomo) en la sierra de Gádor, algunas sociedades relacionadas con este proceso se reconvirtieron en buscadoras de agua, como ocurre en Dalías, en el último cuarto del siglo XIX, con la Sociedad Minera La Valerosa/San Miguel/Fuente Nueva. Hecho que también se da en otros espacios de características similares de Almería y Murcia (Cartagena, Águilas, Mazarrón).

Si gigantesco fue el impacto de la minería en el medio natural no lo fue menos en el humano. Respecto a este último y recurriendo al método comparativo, tan fructífero en las ciencias sociales, vemos que en 1859 Manuel Rodríguez Carreño, médico de Dalías, decía:

"El obrero minero de la sierra de Gádor, con el inseguro jornal que le producen sus penosas tareas y cuya suerte sería tal vez menos deplorable sin el desconcierto que aquí reina en el sistema de laboreos y administración, se halla expuesto a mil penalidades y dolencias.

Sepultado meses enteros en las entrañas de la tierra o en la quemante atmósfera de los hornos, respirando continuamente un aire saturado de sustancias mefíticas que en su derredor se producen sin cesar; haciendo uso de alimentos mal preparados y de aguas alteradas; luchando constantemente con la diversidad de temperaturas que reina en las montañas y en el interior del planeta; y expuesto en fin a las causas traumáticas de los hundimientos, de las caídas y explosiones, se comprende la multitud de enfermedades que deben asaltarle, todas graves y amenazadoras y la desventajosa suerte que ha cabido a esta honrada clase de operarios, que siempre arrancará de los hombres justos y generosos la compasión que ella demanda por su laboriosidad y sufrimientos.

Los males pues a que están expuestos más inmediatamente los trabajadores de que hablo son: las congestiones y hemorragias cerebrales, las amaurosis instantáneas o lentas y otras afecciones de los ojos, las inflamaciones intensas del aparato respiratorio, las lesiones orgánicas del cerebro, hígado y bazo, las calenturas gastrotifoideas, y todos los accidentes de la intoxicación saturnina (producida por una sal de plomo), la enfermedad más frecuente y sobre todo la que más adelantos ha hecho su terapéutica en el país, y son la inflamación y ulceración de las encías, cólico de plomo, el reumatismo de los mineros, parálisis, la abolición del sentimiento y los ataques cerebrales".
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