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Un alcalde con fuerza inagotable
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Un alcalde con fuerza inagotable
| Actualizado 04.09.2009 - 01:00El alcalde de Carboneras, el socialista Cristóbal Fernández, se mueve con naturalidad en el terreno político. Hace gala de una soltura innata, debe ser algún gen inagotable para mantenerse en un terreno tan resbaladizo durante una pila de años, veinticinco más menos porque ya en el año 1983 era alcalde. Alcalde, Diputado autonómico, alcalde y quién sabe en un futuro, a pesar de discrepar con rotundidad, es decir, con la misma naturalidad habitual en él, con compañeros de partido: "no me cuesta trabajo decir lo que pienso y en el caso de El Algarrobico he tenido circunstancias adversas, políticamente hablando, por haber tenido un comportamiento de defensa de los intereses de los ciudadanos, lo he hecho siempre y a estas alturas no voy a dejar de hacerlo. Yo puedo equivocarme, pero también se equivocan a veces compañeras y compañeros de partido". Más claro, agua.
Desde unos de los sillones del despacho de Alcaldía se aprecia la fotografía del Rey don Juan Carlos. A tal puntualización, tal precisión: "y la de Pablo Iglesias", una fotografía color sepia sobre la repisa de uno de los armarios que forman parte del mobiliario. En otra pared lateral de la estancia, una imagen le trae a Cristóbal Fernández gratos recuerdos: "fíjate, era el año 1994. Ahí estoy con menos, ninguna, cana en el pelo, acompañando a los Reyes de España y al ahora ministro Manuel Chaves. Era la inauguración del puerto pesquero, un acto precioso y muy esperado por los pescadores que no tenían donde amarrar sus barcos; también una satisfacción para toda la ciudadanía que, por fin, veía que las esperanzas que habían puesto en las infraestructuras llegaban al pueblo.
Al hablar de la tortuosa carretera antigua, la que unía Carboneras con Mojácar, una estampa de película en blanco y negro, Cristóbal Fernández cierra por unos instantes los ojos al recordar los vericuetos del tiempo: "creo que Carboneras ha sido uno de los pueblos de la provincia de Almería que más ha cambiado. Pero hemos cambiado bien, sin perder la identidad de pueblo que, por otra parte, es uno de nuestros atractivos: ser pueblo. No ha sido fácil sobre todo partiendo de cero, porque en Carboneras las cosas estaban muy mal hace unos años y ahora es un pueblo que tiene servicios de calidad, no solamente en el núcleo, sino también en sus siete barriadas".
La Casa Consistorial, el Ayuntamiento, tiene una historia que a Cristóbal Fernández le gusta contar por todo lo que encierra, un antes y después a un modo de vida, un acercamiento a las gentes del pueblo: "nuestro pueblo tenía pocas identidades arquitectónicas, el Castillo y poco más. Esta casa nos la encontramos nosotros en ruinas. La compró un señor para hacer un pequeño hotel; nosotros le hicimos una oferta de compra. No hubo posibilidad y después la compró una entidad bancaria, que era la Caja de Ahorros de Almería, más tarde Unicaja, y querían montar aquí sus oficinas. Yo, en ése momento, tuve la oportunidad de estar como representante por los municipios en la entidad y llegamos a la negociación y al final fue el Ayuntamiento quien se quedó con la vivienda y la verdad es que ha quedado espectacular.
Este despacho de Alcaldía era el dormitorio de doña Ángeles Fuentes, que era la matriarca de una saga importante, no solamente en Carboneras, sino en Almería y en el Levante almeriense, saga que se formó alrededor de un negocio muy desconocido para la gente joven, pero que existió en su momento, y que era el negocio del esparto. Mucha gente trabajaba en este territorio recogiendo esparto que, después, la familia Fuentes vendía y lo exportaba a Francia e Inglaterra para hacer pasta de papel.
Desde unos de los sillones del despacho de Alcaldía se aprecia la fotografía del Rey don Juan Carlos. A tal puntualización, tal precisión: "y la de Pablo Iglesias", una fotografía color sepia sobre la repisa de uno de los armarios que forman parte del mobiliario. En otra pared lateral de la estancia, una imagen le trae a Cristóbal Fernández gratos recuerdos: "fíjate, era el año 1994. Ahí estoy con menos, ninguna, cana en el pelo, acompañando a los Reyes de España y al ahora ministro Manuel Chaves. Era la inauguración del puerto pesquero, un acto precioso y muy esperado por los pescadores que no tenían donde amarrar sus barcos; también una satisfacción para toda la ciudadanía que, por fin, veía que las esperanzas que habían puesto en las infraestructuras llegaban al pueblo.
Al hablar de la tortuosa carretera antigua, la que unía Carboneras con Mojácar, una estampa de película en blanco y negro, Cristóbal Fernández cierra por unos instantes los ojos al recordar los vericuetos del tiempo: "creo que Carboneras ha sido uno de los pueblos de la provincia de Almería que más ha cambiado. Pero hemos cambiado bien, sin perder la identidad de pueblo que, por otra parte, es uno de nuestros atractivos: ser pueblo. No ha sido fácil sobre todo partiendo de cero, porque en Carboneras las cosas estaban muy mal hace unos años y ahora es un pueblo que tiene servicios de calidad, no solamente en el núcleo, sino también en sus siete barriadas".
La Casa Consistorial, el Ayuntamiento, tiene una historia que a Cristóbal Fernández le gusta contar por todo lo que encierra, un antes y después a un modo de vida, un acercamiento a las gentes del pueblo: "nuestro pueblo tenía pocas identidades arquitectónicas, el Castillo y poco más. Esta casa nos la encontramos nosotros en ruinas. La compró un señor para hacer un pequeño hotel; nosotros le hicimos una oferta de compra. No hubo posibilidad y después la compró una entidad bancaria, que era la Caja de Ahorros de Almería, más tarde Unicaja, y querían montar aquí sus oficinas. Yo, en ése momento, tuve la oportunidad de estar como representante por los municipios en la entidad y llegamos a la negociación y al final fue el Ayuntamiento quien se quedó con la vivienda y la verdad es que ha quedado espectacular.
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