El Cid se convierte en el triunfador de la tarde

El diestro sevillano corta una oreja a cada uno de sus toros en la plaza de Zaragoza · Paquirri y Jiménez, silenciados

P. Martínez (Burladero)/zaragoza | Actualizado 04.06.2012 - 10:45
zoom


El Cid, en un natural, resultó el triunfador de la tarde en el coso de La Misericordia.

Share
       GANADERÍA: Toros de Gerardo Ortega, parados y de escaso juego; los mejores, segundo y quinto. TOREROS: Paquirri, silencio y silencio. El Cid, oreja y oreja. César Jiménez, silencio y silencio. Incidencias: Plaza de La Misericordia de Zaragoza. Media entrada.

Tarde de mucho calor en Zaragoza y 5.000 personas para ver una cartel de figuras. Es lo que hay fuera de Feria, aunque se anuncien toreros mediáticos, como hoy, con una terna que abría Rivera Ordóñez, espada que ha mostrado su voluntad colocando banderillas. A partir de ahí el toro se paró, repuso la embestida y Rivera no pudo pasar de intentarlo. Al cuarto, lo volvió a banderillear Rivera Ordóñez y se ovacionaron sus deseos de agradar, pero en la franela el toro fue un marmolillo, sin emoción, que imposibilitaba el espectáculo, al que despachó su matador de un pinchazo y una casi entera caída.

Con el segundo, El Cid se sintió inspirado y manejó el capote con gusto, hasta rematar en la boca de riego. El Cid se relajó y templó, pero el animal sólo duró tres tandas por el derecho, pues cuando su matador cambió de mano estaba ya camino del paraíso, donde llegaba después de una buena estocada precedida de un metisaca. El quinto tenía quince muletazos y los aprovechó El Cid de nuevo con la mano diestra. A partir de ahí el toro dijo basta y el torero tuvo que acortar los terrenos, entrando la faena en una fase anodina. Con la espada, el de Salteras apuntó bajo, pero el efecto fue fulminante, llegando a sus manos una segunda oreja.

El tercero salió corretón. En la muleta el toro no sirve, se para y cuando embistió, derrota; por lo que César Jiménez no obtuvo resultado alguno. El sexto esperó mucho en banderillas y se paró pronto en la muleta, por lo que la labor de César Jiménez resultó baldía, con predominio del unipase y la espera entre un muletazo y otro. Tras intentarlo por ambos pitones, despachó a su enemigo de una entera y dos descabellos, poniendo el broche final a una tarde de escaso contenido artístico.
0 comentarios
Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenido ofensivo o discriminatorio.

Nuevo comentario
Adiós a una figura del toreo

Pepe Luis Vázquez. / B. Vargas

Pie de foto

"Me hice torero entre el Guadalquivir y el Ebro"

Extractos de una entrevista que el diestro concedió en 2011 a 'Diario de Sevilla'.

El Juli sale por la Puerta el Príncipe. / Juan Carlos Muñoz

Pie de foto

El Juli retomó el bastón de mando

El torero madrileño, único espada que ha atravesado la Puerta del Príncipe en esta edición, cayó herido grave el pasado viernes y no pudo completar su feria ante 'miuras'

Toros

Composición y nociones básicas de una tarde de toros

La corrida consta de cuatro partes esenciales: después del paseíllo, se torea con el capote (Tercio de capa); Se pica al toro (Tercio de varas); Tercio de banderilla y Toreo de muleta y muerte a espada del toro.

Foto: Manuel Gomez

Pie de foto

Toreo en el corazón de Sevilla

Antonio Nazaré y Saúl Jiménez Fortes divulgan la Fiesta de los toros en la plaza del Salvador.

100 años de la alternativa

Joselito, el día de su alternativa, pidiendo permiso para estoquear el primer toro de su carrera.

Pie de foto

Joselito el Gallo, 'el rey de los toreros'

La historia de un maestro, paradigma de diestro lidiador, que inicia su carrera como niño prodigio y encuentra la muerte en Talavera de la Reina, cuando en plena juventud, con tan sólo 25 años edad, había alcanzado ya la gloria como torero

Juan Belmonte, en un lance con el capote en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Pie de foto

Tragedia en Gómez Cardeña

El Pasmo de Triana entró en el cortijo, sonó un disparo y la criada corrió al despacho para encontrarlo caído de espaldas, con la mirada sin vida, en un charco de sangre