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El sevillano Daniel Luque sufre una cornada en la pierna derecha
El sevillano Daniel Luque sufre una cornada en la pierna derecha
Manuel Jesús 'El Cid' malogra una buena faena con la espada · Rubén Pinar consigue el único trofeo en el festejo celebrado en la Feria de Fallas
J. M. Núñez (Efe) / Valencia | Actualizado 18.03.2010 - 13:49GANADERÍA: Se lidiaron seis toros de la ganadería de Alcurrucén, bien presentados, aunque con desigualdades entre ellos, que mansearon en el caballo y se dejaron en distinto grado en la muleta. Los mejores, primero, cuarto y quinto. TOREROS: Manuel Jesús 'El Cid', silencio tras aviso, gran ovación tras aviso y silencio; Daniel Luque, gran ovación mientras pasa a la enfermería por su propio pie. Rubén Pinar, silencio y oreja. Incidencias: Plaza de toros de Valencia. Tres cuartos de entrada. Luque fue atendido en la enfermería de "herida en la cara entero interna tibial de la pierna derecha de 8 centímetros, que desgarra el músculo tibial. Pronóstico menos grave.
El diestro Rubén Pinar cortó la única oreja del festejo en Valencia, una corrida en la que El Cid malogró una buena faena con la espada y en la que Daniel Luque acabó en la enfermería herido "menos grave". Ni mucho menos fue corrida para tirar cohetes, aunque tras doblar el último toro daba la sensación de que hubo oportunidades varias.
El Cid comenzó con cierta inseguridad frente al que abrió plaza. Lances de latiguillo, como con prisas para que pasara el toro. Muletazos con el engaño retrasado, y despegado, embarullándose más de la cuenta hasta perder varias veces la colocación. Este toro no tuvo mala condición. Por tanto, al debe del torero. Todo lo contrario estuvo frente al cuarto, toro que manseó de salida pero que iría a más en la muleta. Aquí anduvo con mucha firmeza. Una actitud bien distinta. Muy resuelto y con despaciosidad, las primeras series por la derecha fueron de categoría. La figura muy asentada también en el toreo al natural ya en el último tramo. Y cositas a base de remates por abajo, con torería. Estaba a punto de cortar una oreja, o quién sabe si le hubieran pedido las dos, cuando se interpuso un pinchazo, del que salió con un corte en la cara posiblemente al golpearse con la espada. Sonó un aviso y aunque el toro cayó en el siguiente intento, ya estaba frío el ambiente. Gran ovación, sin embargo, insuficiente para los méritos de la faena.
Después de haber estado en la enfermería, salió El Cid a hacerse cargo del último, un toro que humillaba, no obstante moviéndose con brusquedad. Toro reservón y mirón, muy incierto, transmitía inseguridad. Aquí el esfuerzo de El Cid fue más bien aparente.
Luque también entre las dos orillas. Sus lances a la verónica, tan rápidos, parecían despreciar el encuentro. El toro como buen manso, rebotado de caballo a caballo, suelto en tres encuentros. Y aún distraído el animal, llevándole a media altura, terminó Luque afianzándose con la muleta.
Muchos pases, unos mejores que otros. En el inicio de uno de pecho, la cornada. No llegó a perder la verticalidad pero estaba herido, sangrando por debajo de la rodilla. No quiso torniquete Luque, permaneciendo en el ruedo hasta montar la espada. Visiblemente mermado de facultades, de poco sirvió el esfuerzo.
Pinar se justificó asimismo en su lote. El tercero, el más manso, le obligó a estar acelerado, en ocasiones también despegado y con la suerte descargada. Punteaba el toro, que iba dando cabezazos. Tampoco estuvo fino Pinar con la espada. Pero llegó a tiempo de sacarse la espina en el quinto, otro toro para poner a prueba muchas cosas que luce este torero en positivo. Por ejemplo, el oficio. Y la decisión. Con tanto amor propio en la cara del toro la conexión con el tendido es mayor. De Pinar, en este toro estuvo bien. Hasta se pegó un arrimón final. Y con el corolario de una contundente estocada, premio. Una oreja para que su apoderado pueda seguir luchando en los despachos.
El diestro Rubén Pinar cortó la única oreja del festejo en Valencia, una corrida en la que El Cid malogró una buena faena con la espada y en la que Daniel Luque acabó en la enfermería herido "menos grave". Ni mucho menos fue corrida para tirar cohetes, aunque tras doblar el último toro daba la sensación de que hubo oportunidades varias.
El Cid comenzó con cierta inseguridad frente al que abrió plaza. Lances de latiguillo, como con prisas para que pasara el toro. Muletazos con el engaño retrasado, y despegado, embarullándose más de la cuenta hasta perder varias veces la colocación. Este toro no tuvo mala condición. Por tanto, al debe del torero. Todo lo contrario estuvo frente al cuarto, toro que manseó de salida pero que iría a más en la muleta. Aquí anduvo con mucha firmeza. Una actitud bien distinta. Muy resuelto y con despaciosidad, las primeras series por la derecha fueron de categoría. La figura muy asentada también en el toreo al natural ya en el último tramo. Y cositas a base de remates por abajo, con torería. Estaba a punto de cortar una oreja, o quién sabe si le hubieran pedido las dos, cuando se interpuso un pinchazo, del que salió con un corte en la cara posiblemente al golpearse con la espada. Sonó un aviso y aunque el toro cayó en el siguiente intento, ya estaba frío el ambiente. Gran ovación, sin embargo, insuficiente para los méritos de la faena.
Después de haber estado en la enfermería, salió El Cid a hacerse cargo del último, un toro que humillaba, no obstante moviéndose con brusquedad. Toro reservón y mirón, muy incierto, transmitía inseguridad. Aquí el esfuerzo de El Cid fue más bien aparente.
Luque también entre las dos orillas. Sus lances a la verónica, tan rápidos, parecían despreciar el encuentro. El toro como buen manso, rebotado de caballo a caballo, suelto en tres encuentros. Y aún distraído el animal, llevándole a media altura, terminó Luque afianzándose con la muleta.
Muchos pases, unos mejores que otros. En el inicio de uno de pecho, la cornada. No llegó a perder la verticalidad pero estaba herido, sangrando por debajo de la rodilla. No quiso torniquete Luque, permaneciendo en el ruedo hasta montar la espada. Visiblemente mermado de facultades, de poco sirvió el esfuerzo.
Pinar se justificó asimismo en su lote. El tercero, el más manso, le obligó a estar acelerado, en ocasiones también despegado y con la suerte descargada. Punteaba el toro, que iba dando cabezazos. Tampoco estuvo fino Pinar con la espada. Pero llegó a tiempo de sacarse la espina en el quinto, otro toro para poner a prueba muchas cosas que luce este torero en positivo. Por ejemplo, el oficio. Y la decisión. Con tanto amor propio en la cara del toro la conexión con el tendido es mayor. De Pinar, en este toro estuvo bien. Hasta se pegó un arrimón final. Y con el corolario de una contundente estocada, premio. Una oreja para que su apoderado pueda seguir luchando en los despachos.
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Martes de lujo en La Maestranza
El Juli y Manzanares consiguen dos orejas; Daniel Luque completaba el festejo. / Fotos: Juan Carlos Muñoz
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