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Delatadoras consejeras

  • El equipo necesita recuperar la concentración y dejar a un lado la euforia que lo debilitó en Córdoba

  • Los comienzos sin intensidad vuelven a ser una lastra

Joaquín, de rodillas, y Morcillo en el duelo ante el Córdoba. Joaquín, de rodillas, y Morcillo en el duelo ante el Córdoba.

Joaquín, de rodillas, y Morcillo en el duelo ante el Córdoba. / el día de córdoba

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Parecía que el Almería había cogido la senda correcta tras las victorias ante Alcorcón y Nástic de Tarragona, pero en cuanto se ha confiado un poco, ha vuelto a cosechar dos malos resultados. El empate ante el Zaragoza, logrado de forma meritoria después de levantar un 0-2 y aguantar con uno menos toda la segunda parte, sólo podía hacerse bueno sumando en Córdoba, algo que no sucedió por un comienzo de partido impropio de un equipo que se está jugando la vida en cada partido.

Tras haber recuperado parte de la distancia con los equipos que marcaban la salvación, llámese Córdoba, Nástic, Rayo y UCAM Murcia, los de Ramis han perdido dos importantes balas para seguir en su línea claramente ascendente. De hecho, en los 15 primeros minutos ante el Zaragoza y toda la primera mitad frente al Córdoba no hubo ni asomo de ese equipo ordenado, serio, concentrado, junto y con una presión adelantada que había recuperado el paso después de unas desastrosas últimas jornadas con Fernando Soriano.

Durante la pasada semana, coincidiendo con Semana Santa, se vivía un ambiente eufórico poco propicio para preparar un envite tan importante como el que se iba a disputar en El Arcángel el pasado fin de semana. De hecho, sorprendió a propios y extraños el anuncio de la renovación de Quique, que rompía el clima de concentración total y absoluta de jornadas anteriores. Todo lo contrario le ocurrió al equipo califal, sabedor de lo mucho que había en juego y que marchaba camino de caer en el pozo por sus malas últimas jornadas. Fue comenzar el encuentro y quedar patente quién estaba mentalizado y quién volvía a estar en la luna de Valencia. El propio Borja, en un ejercicio de autocrítica necesario y que demuestra su grado de implicación, fue muy exigente en la mañana de ayer con sus compañeros y recriminó la poca actitud del equipo en El Arcángel.

Si bien la derrota fue merecida y duele porque se siguen escapando oportunidades, y todo el mundo piensa que el Mallorca terminará saliendo del hoyo, alguna lectura positiva tiene. La autocrítica que expuso ayer el centrocampista ante los medios de comunicación nada tiene que ver con el catálogo de excusas y la falta de soluciones, más allá de confiar en el trabajo, de toda la primera vuelta y las primeras jornadas de la segunda. El Almería sigue arrastrando el mismo problema de entonces, que Ramis y su entorno parecen haber detectado pero no terminan de extirpar.

A diferencia de la semana pasada, los mensajes que se han mandado en ésta hilan fino: "Tenemos que demostrarle al Sevilla B desde el túnel de vestuarios que queremos ganar", enfatizó Quique el lunes en la rueda de prensa para informar acerca de su renovación. Ahí es donde está fallando, entre otras cosas, el Almería. Los comienzos de los partidos están siendo demoledores, por la poca garra con la que se comienza. Ceder el balón y el campo a equipos como Zaragoza o Córdoba es sinónimo de encajar y que se ponga todo muy cuesta arriba, puesto que no aprovechas su ansiedad y les dejas jugar plácidamente. En vez de hacer sufrir al rival, fue el Almería el que sufrió y no supo jugar sus bazas, amén de un experimento erróneo con el que también sorprendió Ramis en El Arcángel, que salió rana.

Ahora llega otra final, una nueva oportunidad que da el calendario para salir de los puestos de descenso cuatro meses después, puesto que la lógica dice que el Girona ganará su partido al UCAM Murcia. Para aprovecharse de ese resultado, si fuera bueno finalmente, los rojiblancos necesitan ganar imperiosamente a un Sevilla B cargado de calidad, juventud, ganas, así como de euforia después de la goleada al Valladolid. La diferencia entre cómo perjudica o beneficia la euforia tiene que ver con la confianza que otorga la clasificación y el conjunto nervionense está fuera de todo peligro y juega sin ansiedad ni necesidad.

Las consignas están claras para afrontar este duelo: recuperar el ADN de las tres primeras semanas con Ramis como entrenador. A estas alturas de la temporada un filial ya no tiene los problemas de inexperiencia y juventud de las primeras jornadas, por lo que habrá que tener mil ojos, además de salid con una actitud que los encierre en su campo. La necesidad se tiene que notar sobre el césped. El técnico, igualmente, está a la espera de ver cómo evolucionan los lesionados, un factor que también se ha notado demasiado. Corona y Fran Vélez hicieron parte del trabajo de ayer con sus compañeros y se retiraron posteriormente; Javi Álamo y Juanjo continúan al margen y Fidel volverá a ser de la partida tras la sanción. Por contra, hay preocupación por Puertas.

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