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Luce mejor el traje de central

  • El huercalense muestra una versión gris en su vuelta al centro del campo, que mejora cuando Luis Miguel Ramis deshace el movimiento y lo devuelve a la defensa junto a Ximo

Joaquín Fernández disputa un balón por alto con el 'pichichi' Roger. Joaquín Fernández disputa un balón por alto con el 'pichichi' Roger.

Joaquín Fernández disputa un balón por alto con el 'pichichi' Roger. / FOTOS: MOISÉS CASTELL

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Cuando el equipo unionista comenzó la pretemporada el quince de julio del ya pasado año, Joaquín Fernández (Huércal de Almería, 1996) partía como el jugador número veinticinco de la plantilla. Sin embargo, el devenir de los entrenamientos y de los partidos confirmó al jugador como un imprescindible en los esquemas de Fernando Soriano. Precisamente, si algo positivo se puede sacar de su paso por el banquillo del Mediterráneo es la irrupción del huercalense. Aunque ya prometía en las bases rojiblancas, su apuesta decidida por él lo catapultó. Titular en la deblace ante el UCAM en la jornada seis, desde ahí ha sido pieza clave. En mitad de todo ello, y por el pobre nivel de Trujillo, pasó al centro de la zaga. Un lugar donde ha sabido aprovechar su envergadura y su rapidez para dar clínics, pese a ser la de centrocampista su posición natural. Precisamente, la pareja de Joaquín y Ximo, diseñada por Fran Fernández, dio una solidez destacable al Almería en la zona defensiva. Ayer, en el Ciudad de Valencia antes los problemas físicos de Borja Fernández, Ramis decidió devolverlo a la medular junto a Vélez. Y sufrió.

Tras poco menos de quince fechas de central, al hijo del mítico Mascarica se le vio superado. Nervioso e impreciso llegó tarde a la mayoría de las acciones, perdonándole el árbitro incluso la segunda amarilla mediada la segunda mitad. Ni con Vélez al lado, que estuvo muy correcto en la contención antes de su marcha por lesión, pudo estar a la altura. Aunque el entrenador tarraconense lo había probado en esa demarcación en sus primeros entrenamientos en el club, el joven no dio las sensaciones de haberse vuelto a hacer con la posición. Su pesadilla en la matinal de ayer tuvo nombre y apellidos: Jason Remeseiro. El talentoso extremo lo desquició una y otra vez hasta el punto de sacarle una tarjeta. Supo incrustarse por la zona por donde se movía el rojiblanco y sabiéndose ganador de la mayoría de las batallas lo intentó continuamente contra él.

En el minuto sesenta y cinco, la entrada de José Ángel Pozo al terreno de juego en sustitución de un mejorable Ángel Trujillo devolvió a Joaquín al centro de la zaga y ahí su actuación mejoró de forma considerable. Aunque no tuvo mucho trabajo, más allá de acciones aisladas, ya que la UD Almería acabó en la portería rival se le vio más seguro y cómodo. Quizá, es más fácil juzgar a toro pasado, el gran error de Ramis fue sacar a Joaquín del centro de la defensa, después del excelso rendimiento que viene dando durante muchas jornadas en esa posición. Para suplir a Borja, que por el devenir de los acontecimientos tuvo que disputar sesenta minutos, debería haber tirado de otras opciones que le da la plantilla, como podría haber sido retrasar a Azeez y dar entrada a Pozo, que es lo que hizo después. Lo positivo es que el nuevo entrenador unionista ya sabe que lo que está funcionando mejor no tocarlo para las doce finales que restan.

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