Las horas más críticas de Joan Laporta como presidente del Barcelona

  • La encendida respuesta del presidente a los críticos antes del empate ante el Getafe termina de encender a la afición azulgrana en contra de la directiva.

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La crisis llega a su punto culminante cuando la hinchada se gira al palco y dirige sus pañuelos hacia el presidente. Es lo que ahora le sucede al Barcelona y a Joan Laporta, quien vive sus horas más críticas después de perder el favor de la afición que le eligió hace cinco años.

El Barcelona sigue cuesta abajo en su rodada y el domingo sumó un inesperado empate sin goles en casa ante el Getafe, justo cuando se le presentaba la oportunidad de aproximarse al Real Madrid, el líder de la Liga española, que mantiene siete puntos de ventaja sobre el equipo azulgrana.

El Camp Nou explotó de rabia para dirigir su mirada hacia el palco. Allí ya no estaba Laporta, que salió pronto, pero los gritos sí los escuchó. Esta vez la afición no cargó ni contra Frank Rijkaard, el entrenador, ni contra Ronaldinho, sus dos "blancos" favoritos de la temporada.

La pañolada llegó en el momento más inoportuno, justo cuando horas antes Laporta había realizado un enérgico discurso en la reunión de peñas del Barcelona, en la que gritó con agresividad: "Muchas críticas vienen de hipócritas que dicen ser del Barcelona y no lo son. Si no hacen ver que son culés, no los leería nadie ni los escucharía nadie".

Los últimos dos años han sido difíciles para el presidente azulgrana, que ha protagonizado episodios de destemplanza, como cuando se quedó en calzoncillos en un aeropuerto tras enfrentarse con los guardias de seguridad. O como cuando, hace poco, se peleó con un antiguo empleado del club en plena calle de Barcelona.

Laporta dio ya muestras de su fuerte carácter un año antes de ganar la Liga de Campeones en 2006, cuando rompió su relación con el vicepresidente deportivo Sandro Rossell, viejo amigo y uno de los grandes artífices del proyecto que llevó al Barcelona a conquistar la Liga española y la Champions.

Rossell salió del club por "discrepancias" con Laporta y simplemente lo justificó diciendo: "Este proyecto, y Laporta, no son ahora los mismos que conocí al principio".

Ni siquiera el "pope" barcelonista Johan Cruyff, muy próximo al presidente, se salva de verse involucrado en la tormenta. El sábado aparecieron pintadas en la casa del holandés, asesor externo del club, en las que se leía: "Cruyff, cáncer del Barcelona", "Laporta dimisión" y "¡Mourinho ya!". Fue el preludio de lo que vendría después.

La pañolada pudo tener algo de simbólico porque fue la primera vivida en el Camp Nou desde 2003. Joan Gaspart era entonces el presidente y aguantó los abucheos durante varios minutos desde el propio palco, completamente solo.

Laporta era en aquellos días un agitador de la oposición, muy crítico con la gestión de aquella junta directiva. Hoy le toca revivir aquellos hechos, pero desde el "banquillo de los acusados".

El actual presidente abre ahora el paraguas para protegerse de la tormenta. Primero tiene que aguantar los reproches deportivos, que le acusan de "autocomplacencia" por no actuar con una reforma más profunda de la plantilla después de cerrar la pasada temporada sin títulos, siempre con el "caso Ronaldinho" como telón de fondo.

Pero también tiene que soportar los reproches personales, especialmente de aquellos que afirman que se vale de su cargo para prepararse una carrera política. Su mandato, según reflejan los estatutos del club, expira en 2009.

Son tiempos duros para Laporta, al que ya pocos califican como el "Kennedy catalán", apelativo con el que algunos le bautizaron cuando accedió a la presidencia, con su imagen cuidada y sus afanes reformistas. Ahora le toca vivir el lado amargo que comporta su cargo, el de los pañuelos en tiempos de crisis.

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