Cuando uno imita al rival, desaparece

MARAGALL era un icono. La prueba viviente de que Pujol podía besar la lona. Como buen improvisador, como potencial poeta, dominaba la prosodia. Encandilaba. Después pasó lo que pasó. Zapatero lo consideró una piedra no precisamente angular sino más bien acomodada en la horma de su presidencial zapato. Montilla era una alternativa solvente, que para el presidente significa sobre todo dócil. Y Pasqual se marchó con pena, por la puerta de atrás, enfurruñado con su familia política hasta el punto de renunciar al carné del PSC.

Participa ahora en un nuevo proyecto, el Partit Català d'Europa. Reinventar es el destino de los desheredados -ahí está Rosa Díez-. Pide el voto en blanco el próximo 9-M porque, objeta, no tiene tiempo ni dinero para montar la estructura mediática que requiere cualquier partido que pretenda ser algo más que una anécdota. En un artículo en La Vanguardia, repasa con una prosa más apagada que de costumbre algunas otras razones para el desencanto del voto sin voto. La Constitución no reconoce aún que existan nacionalidades históricas -obvia que el Estatut, una ley orgánica, habla directamente de nación-. Lamenta que el texto catalán dormite en el limbo, como si el Constitucional no tuviese la obligación de pronunciarse. Suspira por las infraestructuras. Y achaca a "los partidos catalanes y españoles" su escaso interés por Europa.

En resumen, el ex president ya no cree en su propia medicina, o ex medicina. Piensa que el PSC ha cambiado demasiado. En eso acierta. Buen ejemplo el de ayer: los socialistas catalanes exigirán un concierto económico como el vasco y la difusión de las archisecretas balanzas fiscales -la diferencia entre lo que aporta cada comunidad al Estado y lo que recibe-. Montilla el dócil se transforma en un tipo incómodo. Justo como Maragall.

Un análisis más retrospectivo confirma lo que siempre advertía Piqué: En Cataluña, quien no se integra en la tribu está fuera del sistema. El PSC es casi tan nacionalista como CiU. Les diferencian las formas y alguna de las características que presuntamente dividen las ideas entre izquierdas y derechas. Si Montilla va en serio, planteará un pulso a Zapatero. Porque lo mejor de todo es que el PSC afirma que logrará sus propósitos desde Madrid, o sea, en el Congreso, o sea, donde comparten grupo parlamentario con el PSOE. O la pandilla del cordobés es muy cándida o tiene decidido escindirse de una vez del hermano mayor. Lo plantearían como Ibarretxe. En plan convivencia pacífica. Para que parezca que ellos también ceden unas migas.

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