Que nadie se rasgue las vestiduras

EL presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, terció ayer en la polémica suscitada por el documento de los obispos de cara al 9-M, especialmente en lo que se refiere a la recomendación de que no se vote a los partidos que negocien con ETA, y dejó claro que "el Evangelio no se identifica con ningún proyecto político". Defendió lógicamente el documento, pero lo hizo con unas formas que lo sitúan dentro del marco de la libertad de expresión que garantiza la Constitución de 1978 a todos los españoles. En su intervención de ayer, tras mostrar "su sorpresa" por las críticas procedentes de todos los partidos excepto el PP, Blázquez explicó que sólo pretendían transmitir unos criterios de "orden moral" para "ayudar al discernimiento personal de los votantes católicos y de aquellos que quieran escucharlos", y que éstos no varían mucho de los transmitidos en el texto aprobado en 2006 bajo el título Orientaciones morales ante la situación actual de España. Y explicó que el que vota en conciencia es "cada ciudadano y ciudadana", y que ni la fe cristiana ni la fe católica pueden ser "impuestas". El arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo, también rechazó públicamente que el documento pastoral de los obispos andaluces pretendiera orientar el voto hacia un determinado partido, y encajó las críticas como un buen demócrata más allá de su condición de arzobispo: "Todo el mundo es muy libre de opinar y nadie debe molestarse porque se opine sobre las cosas que se dicen. La libertad es la libertad para todos, siempre con gran respeto a los demás, y no debe extrañarnos de que haya opiniones diferentes sobre aquello que es opinable".

Que Blázquez y Amigo no tienen nada que ver en sus formas con el arzobispo de Toledo y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Antonio Cañizares, pues es verdad. Ante las críticas, el cardenal toledano reaccionó de forma poco prudente, echando leña al fuego y retando al Gobierno.Pero hasta estas palabras hay que circunscribirlas dentro del derecho a la misma libertad de expresión que Blázquez y Amigo honran y que Cañizares simplemente utiliza.

Así que no nos rasguemos las vestiduras que, al final, los que llevamos algunos años por estos negociados sabemos que el PSOE y el resto de los partidos "repudiados" implícitamente, pueden ser los principales beneficiarios de los recomendaciones de los obispos. El voto se moviliza de las formas más curiosas y caprichosas.

Además, no creo sinceramente que, a estas alturas, la Iglesia española vaya tomar el camino de identificarse sólo con el PP, cuando hay muchos votantes de izquierdas y nacionalistas entre sus parroquianos.

En la Transición, el cardenal Tarancón fue lo suficientemente sabio como para situar a la Iglesia en un papel mediador, conciliador en una nueva España que llevaba a cuestas las dos Españas, y que en esta legislatura que tocó a su fin se han vuelto a verse las caras. Creo que ese mismo papel es el que tiene que asumir de nuevo, con diplomacia vaticana.

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