Samaniego da continuidad a la cultura con el ahínco en un proyecto empresarial

  • La artista especializada en danza oriental pretende consolidar su propia escuela · Además de bailar e impartir clases, se encarga de la organización de espectáculos que dignifican la profesión

A sus casi 24 años, Cristina Samaniego tiene las ideas muy claras, pero le faltan horas al día para llevarlas a cabo, aún así resta horas de sueño y descanso para hacerlas realidad, "me acuesto muy tarde y me levanto muy pronto". La bailarina dirige la sala Ecocentro ubicada en el Paseo Marítimo de la capital. Imparte clases de danza oriental, de Bollywood, así como otras adaptadas para personas con discapacidad, embarazadas y personas mayores e infantiles. De entre esta variedad, reconoce que la danza oriental es la que tiene mayor demanda, si bien en el último año ha notado un incremento de solicitudes por las clases del baile indio. Además, aparte, forma de manera integral a bailarinas de danza oriental. "Esta diversidad requiere mucha atención porque cada trabajo lleva sus riesgos", señala la joven. Combinar la formación y dirección conlleva un doble esfuerzo, puesto que mientras forma a profesores, Cristina debe, continuamente, buscar ofertas atractivas para todos los colectivos y asistan a clases.

Esta artista y empresaria comenzó a estudiar danza a los 13 años y de manera profesional a los 18 años. "Actualmente mi objetivos es consolidar mi propia escuela". Ahora, ella es la única encargada de impartir clases, "pero estoy formando a un grupo de chicas muy interesadas en la danza oriental y, a veces, ellas son las que me sustituyen porque yo también continúo mi formación". En esta línea expliaca: "Todos los meses tengo una formación fuera. Soy bailarina, soy joven, pero no me puedo dormir, a lo más mínimo que te descuides te castiga fuerte, te estancas y no te lo puedes permitir".

Mientras la escuela ocupa gran parte de su tiempo, el resto lo destina a la organización de espectáculos, "pueden ser desde grandes producciones teatrales hasta un pequeño evento. A la vez sigo promocionando mi propia compañía con bailarinas y trabajo en bodas y otros eventos. La gente lo demanda porque es una cosa muy bonita, exótica y elegante". Pero Samaniego tiene una ética profesional estricta, que basa en no aceptar ninguna actividad en la que pueda deformarse la figura de la bailarina de danza oriental, "por ejemplo, no trabajo en despedidas de soltero".

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