Conservadores y liberales se disputan la Presidencia de la República Checa

  • El actual mandatario Vaclav Klaus mantiene una ligera ventaja sobre Jan Svejnar, un candidato en la órbita de Havel

La República Checa ingresó en la Unión Europea hace casi cuatro años, y sus ciudadanos pueden circular libremente por el espacio Schengen desde diciembre pasado. Pero las elecciones presidenciales convocadas para el próximo 8 de febrero reflejan todavía una profunda división que data de la era comunista, personificada en los archienemigos de aquella época, el ex presidente Vaclav Havel y el actual mandatario Vaclav Klaus.

El presidente Vaclav Klaus, de 66 años, representa a los conservadores y pragmáticos patriotas checos, con un toque provinciano. Su adversario, el también economista Jan Svejnar, de 55, es un checo-norteamericano que atrae a los idealistas y cosmopolitas, con un toque de elitismo, liberales seguidores de Havel.

Ambos candidatos son economistas de prestigio internacional, que juegan al tenis, esquian y gozan de la música jazz, y hasta ahora han protagonizado una campaña de guante blanco por ocupar el Castillo de Praga.

El trato de caballeros se presenció también durante el único debate ante las cámaras de televisión, celebrado la semana pasada en el Senado, y los sondeos vaticinan que el conservador Klaus logrará un nuevo mandato presidencial por cinco años, en un complejo proceso electoral que tendrá lugar en el Parlamento.

La primera vuelta, convocada para el viernes, puede tener hasta tres votaciones y en ella se proclama vencedor a quien logre la mayoría absoluta en cada una de las cámaras por separado, o sea, al menos 101 diputados y 41 senadores.

"Todos saben desde el principio que el señor Svejnar es el candidato de Vaclav Havel", dijo Klaus provocando a su rival, antiguo asesor del ex presidente y postulado por los socialdemócratas y verdes. Los seguidores de Klaus y su Partido Cívico Democrático (ODS) atacan a Svejnar como un intruso cuya esposa estadounidense ni siquiera habla el checo.

"No puedo imaginar a la República Checa gobernada por alguien que llega aquí como si estuviera en un safari", señaló el ministro del Interior Ivan Langer, del ODS. "En mi opinión, Vaclav Klaus es la República Checa, pero Jan Svejnar es un cazador que vino aquí a disparar y divertirse".

Tras la caída del comunismo en 1989, Svejnar dividió su tiempo entre la docencia universitaria en Estados Unidos y su instituto académico en Praga. Su imagen de emigrante, un grave lastre en la República Checa poscomunista, le ha valido ataques tanto de la izquierda como de la derecha.

"Los que se fueron no vivieron la historia con nosotros y no tienen derecho a participar. Esto es una mentalidad de pueblo pequeño", dice el analista político Jiri Pehe.

Svejnar es además el único que se atreve decir lo que Havel sólo había sugerido. En la desesperada búsqueda de los votos comunistas, este exiliado del régimen habló contra la hipocresía con que los políticos tratan a los nuevos marginados del sistema, los comunistas. "Virtualmente todo el mundo está haciendo tratos con ellos y a veces a puerta cerrada, porque existe una incomodidad sobre lo que este partido representa", dijo Svejnar

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