Italia votará con la 'cerdada'

  • Los transalpinos acudirán a las urnas con la ley electoral que Berlusconi hizo aprobar porque le favorecía y que, al final, se volvió en su contra hace veinte meses

Tras la imposibilidad de Marini de formar gobierno y debido a la presión de la derecha, el presidente italiano Georgio Napolitano se ha visto obligado a disolver el Parlamento y convocar comicios, que se celebrarán con la ley electoral ideada por Berlusconi, causante de la inestabilidad política.

Los italianos volverán a las urnas en abril con la porcellum, como se conoce a esta polémica ley, menos de dos años después del triunfo de la coalición de centro izquierda La Unión, liderada por Romano Prodi, y tres años antes de que termine esta legislatura, prevista para 2011.

La porcellum la impuso el anterior Gobierno de Silvio Berlusconi convencido de que le garantizaría otros cinco años más en el poder. Pero al final, el invento se rebeló contra el inventor, que perdió los comicios por 25.000 votos.

Considerada por sus detractores un pastiche y una cerdada, la ley dio la mayoría absoluta a La Unión en la Cámara de Diputados que quedó prácticamente empatada con los conservadores en el Senado.

Teniendo en cuenta que el sistema bicameral italiano es perfecto y ambas cámaras tienen el mismo poder, la situación en el Senado desembocó en la parálisis legislativa, haciendo insostenible la situación política.

En sus 20 meses de Gobierno, Prodi se vio obligado a pedir al Parlamento 33 votos de confianza para sacar adelante las pocas leyes que logró aprobar en esta legislatura de 650 días, la segunda más corta de toda la historia republicana italiana.

El Ejecutivo de Prodi aprobó dos presupuestos generales del Estado, algunos decretos y poco más, pero no sólo debido al estrecho margen de votos en el Senado -157 frente a los 156 de la oposición- sino también al enfrentamiento entre los aliados de La Unión.

De La Unión formaron parte 14 partidos, de todas las corrientes ideológicas, incapaces de ponerse de acuerdo y peleados entre ellos. Bastó que uno -el democristiano Udeur- la abandonara para que Prodi cayera. La ley propició, además, que los grupos pequeños alcanzaran un gran poder en las coaliciones.

Tras considerarla "un desastre", desde todas las fuerzas políticas -incluida la derecha- se levantaron voces para cambiarla pero, con el desgaste sufrido por el centroizquierda y los sondeos que le dan como ganador, Berlusconi confía ahora en que su "criatura" le garantice la vuelta al poder. Los analistas dudan de que si las elecciones las gana Berlusconi la ley se modifique en un corto espacio de tiempo, como pretende la izquierda.

La campaña electoral se presenta difícil, con un país harto de que los gobiernos duren menos que una moneda en la puerta de una escuela -63 Ejecutivos desde la Segunda Guerra Mundial-, con una economía estancada y una sociedad desencantada.

Los partidos tendrán que esforzarse para ilusionar de nuevo a los italianos, de cuyos bolsillos saldrán los 550 millones de euros, que costarán -según el prestigioso diario económico Il Sole 24 Ore- las elecciones generales, además de las administrativas parciales, previstas para esta primavera y que el Gobierno pretende hacer coincidir el 13 y 14 de abril próximos.

Visto que la coalición La Unión no ha dado resultado, su principal grupo, el Partido Demócrata (PD), anunció que concurrirá en solitario en estos comicios con el objetivo de que los electores sepan con claridad a quién votan.

Walter Veltroni, alcalde de Roma, líder del PD y que disputará a Berlusconi la Presidencia del Gobierno, aseguró que ha llegado el momento de ofrecer algo nuevo, para acabar con el inmovilismo político y la mezcla de partidos que, al final, impiden saber a los ciudadanos dónde va su voto.

El multimillonario Berlusconi ya ha sido coronado por sus aliados como el aspirante a ocupar de nuevo el Palacio Chigi, la sede del Ejecutivo. Sin embargo, antes Berlusconi tendrá que poner orden en la derecha, donde una veintena de pequeños partidos, en muchos de los cuales todos dirigentes caben en un taxi, aspiran a unirse a su coalición y participar en el reparto del poder.

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