Las consecuencias de la crisis en América Latina

  • Habrá cambios destacables, priorizando el empleo frente a la estabilización y el estímulo de la demanda mediante el gasto público.

ALBERTO COURIEL

Economista y senador

de la República de Uruguay

América Latina presenta una excelente performance en el último quinquenio en materia económica y social. El dinamismo económico del comercio internacional liderado por China e India permitió una mejora sustantiva de los precios internacionales de los principales productos de exportación de los países de la región. Los términos de intercambio mejoraron un 44,7 por ciento en el año 2008 con respecto al promedio de los años noventa. Las exportaciones de bienes y servicios lideraron el crecimiento económico siendo 47 por ciento superiores en el año 2007 con respecto al año 2000. Esto facilitó un fuerte ritmo de crecimiento del producto bruto interno que en promedio alcanzó el 5,4 por ciento anual en el último quinquenio, equivalente al obtenido en la etapa de industrialización, entre 1950 y 1980. Incluso en 2008 el producto bruto interno creció al 4,7 por ciento. Este fuerte ritmo de crecimiento permitió un descenso sustantivo del desempleo abierto, que pasa de 11 por ciento a principios de la década a 7,5 por ciento en el año 2008. También mejoraron otros indicadores sociales como el aumento del salario real y el descenso de la pobreza y la indigencia.

Hoy estamos viviendo una profunda crisis internacional que se venía anunciando desde hace años, especialmente por la acción de los derivados financieros. La crisis financiera tiene origen en Estados Unidos pero repercute inmediatamente por la globalización financiera en todos los mercados del mundo. La crisis financiera genera procesos de recesión económica en los países desarrollados. Es difícil diagnosticar la magnitud y duración de la crisis actual que ya repercute negativamente sobre el crecimiento económico de América Latina, a tal punto que la CEPAL prevé para el año 2009 un aumento del producto bruto interno de, solamente, 1,9 por ciento. La crisis internacional no tuvo repercusiones negativas sobre los sistemas financieros de los países de la región. Afecta a los precios internacionales de los productos de exportación y a la demanda externa con negativas consecuencias sobre el nivel de exportaciones.

La crisis financiera derrumba mitos y principios provenientes del neoliberalismo, en especial de las corrientes centradas en el fundamentalismo del mercado. El neoliberalismo intentaba despolitizar la economía y la vida social. La política resultaba superflua ya que la intervención política sería una interferencia indebida e ineficaz porque el mercado resolvería todo, incluso el equilibrio espontáneo de los intereses en pugna. Sin embargo la desregulación financiera fue una de las principales causas de la crisis actual. La propuesta de minimizar la acción estatal por la vía de las privatizaciones también se derrumbó, en la medida que para salvar a las instituciones financieras afectadas se plantean procesos de nacionalizaciones o estatizaciones parciales y transitorias. Es notorio el predominio de la política sobre la economía, en especial sobre la economía desarrollada por la tecnocracia de organismos financieros como el FMI. La crisis genera cambios relevantes en la orientación de la política macroeconómica de los países desarrollados que podrá tener repercusiones relevantes en los países latinoamericanos. De estos cambios se destacan la prioridad de los objetivos del empleo frente a la estabilización y el uso de distintos instrumentos para estimular la demanda por vía del gasto público, de la inversión pública, al estilo keynesiano, como las recientes propuestas del premio Nobel de economía Paul Krugman al presidente electo de EE UU. Para América Latina esto significa combinar las lógicas del mercado y del Estado. La cantidad y calidad de los bienes las determinará el mercado. A su vez podrá haber un papel más activo del Estado como conductor, como regulador y con mayores controles sobre la actividad privada. Pero esto requiere un Estado más calificado para intervenir en el proceso económico y cumplir con mayor eficacia sus distintas funciones para no repetir errores del pasado. Ello requiere de ideas claras sobre el rumbo de la economía, en especial lineamientos estratégicos que conformen estructuras productivas abiertas y flexibles, dada la velocidad del cambio tecnológico, para la competitividad que permita una inserción dinámica internacional con rubros de mayor contenido tecnológico y para el empleo productivo, elemento central para la atención de los problemas sociales.

Para la integración regional es imprescindible la necesidad de un bloque latinoamericano con unidad de propuestas y el mayor grado posible de cooperación política para negociar con el mundo desarrollado. En el plano comercial la negociación requiere alianzas, ya que América Latina solo representa el 5 por ciento del comercio mundial. Se trata de enfrentar las diversas formas de protección del mundo desarrollado centradas en subsidios a las exportaciones agrícolas, ayudas internas a la producción agrícola, aranceles, cuotas y contingentes sobre diversos rubros, prohibiciones y medidas antidumping, progresividad arancelaria a rubros de mayor valor agregado e inclusive altos aranceles para rubros intensivos en mano de obra. La integración regional presenta una serie de potencialidades entre las que destacan fuentes energéticas de gas y petróleo para los próximos 100 años, una novedosa integración financiera y una enorme potencialidad de integración productiva que permita modificar las actuales asimetrías entre los países grandes y pequeños de la región. Pero esto requiere de acuerdos políticos que aún no se han logrado y de una conciencia regional que resulta indispensable para dinamizar el proceso de integración.

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