Los cubanos celebran sus pequeñas parcelas de libertad

  • Aunque la inmensa mayoría no podrá alojarse en hoteles, comprar ordenadores o alquilar coches, la población acoge con entusiasmo unas medidas tan normales

Con la nariz pegada al escaparate, un grupo de cubanos mira la exposición de flamantes electrodomésticos cuya venta el Gobierno de Raúl Castro acaba de liberar: DVD, ollas arroceras, bicicletas eléctricas y, pronto, también ordenadores y microondas.

De la tienda, en un popular centro comercial de La Habana, salen con gesto cansado Ernesto y su esposa. Sólo se han dedicado a "mirar", explica este decorador de 45 años, porque "la verdad es que no nos alcanza el salario para comprar". "No tengo computadora, no tengo teléfono móvil... no puedo comprar, el salario no me da. Tengo que vender mi auto o la casa para comprar el ordenador", lamenta.

Teóricamente, Ernesto y su mujer podrían adquirir en los próximos días muchos de aquellos productos que durante años numerosos cubanos desearon tener, el ordenador y el teléfono móvil quizás entre las más altas prioridades. También podrían, si quisieran, alojarse ya en uno de los hoteles de lujo durante más de una década reservados a turistas, disfrutar de todos los servicios que ofrecen o alquilar un vehículo en las agencias dedicadas a ello.

Todas estas ofertas forman parte de la nueva era que inició Cuba con la asunción como presidente de Raúl Castro, quien prometió un paulatino levantamiento de lo que calificó como un "exceso de prohibiciones y regulaciones", muchas de ellas "absurdas", reconoció otro alto funcionario de la isla.

Pero con un salario de 273 pesos (algo más de 12 dólares, la media nacional está entre los 17 y los 20 dólares), Ernesto debería ahorrar íntegramente su sueldo durante casi un año sólo para poder alojarse una noche con su mujer en un hotel de cuatro estrellas de la isla. Lo mismo que para adquirir un móvil: 120 dólares cuesta el establecimiento de la línea, más al menos otros 60 el teléfono en sí y unas tarifas de, como mínimo, 40 centavos el minuto.

En la tienda, otra mujer contempla golosamente un televisor de gran tamaño. Pero todo se quedará en mirar también, puesto que no tiene ni remotamente los 2.000 dólares que cuesta. "Hay quien puede pagarlo, el que tiene familiares afuera y remesas sí puede, pero no el que trabaja aquí", suspira.

La prohibición de registrarse en hoteles de lujo -cuando la Constitución cubana es quizás la única en el mundo que garantiza el derecho de todos a alojarse en cualquier lugar del país- o de adquirir determinados productos fue justificada en su momento por las autoridades como un intento de evitar desigualdades sociales durante la acuciante crisis económica que vivió la isla en los años 90 tras el derrumbe del bloque soviético, el denominado "periodo especial".

¿Ha cambiado tanto la situación ahora en Cuba que ya no se corre este peligro? Al contrario, afirma el economista disidente Óscar Espinosa Chepe. "Lo duro todavía es que con el trabajo el cubano no pueda obtener estas cosas, ésa es la gran contradicción del momento, pero había que hacer algo y han empezado por esto", considera.

De hecho, eran muchos los cubanos que por ejemplo poseían un móvil, adquirido por "vía indirecta", como fue calificado oficialmente, a través de un extranjero que lo ponía a su nombre. Y el mercado negro de DVD y otros electrodomésticos también florecía.

"Es un proceso de racionalidad y que saca a la superficie cosas que ya estaban", añade Espinosa Chepe, en una opinión que comparte el también disidente moderado Manuel Cuesta Morúa. "Las medidas van a potenciar unas desigualdades que de hecho ya existen, pero al menos ahora el Gobierno lo reconoce y hay políticas de acuerdo con la realidad cubana, que es una sociedad donde hay clases diferentes, los que tienen y los que no tienen", señala el socialdemócrata.

"Se debe acabar con el mito de que Cuba es la revolución cubana; es una sociedad normal con sus diferencias normales", insiste. Una prueba de ello es quizás la reacción popular a las medidas. Aunque la mayoría de ellas no fueron anunciadas en ningún medio oficial, Radio Bemba, el boca a boca cubano, se encargó de que corrieran como la pólvora y la respuesta más común fue de "alegría".

Pocas horas después de que el 1 de abril los comercios abrieran con los nuevos electrodomésticos liberados, muchos salían también con flamantes ollas arroceras de las tiendas, e incluso con productos más caros como los ciclomotores eléctricos, de los que pese a costar más de 800 dólares ya se habían vendido el primer día varias unidades, confirmó una vendedora.

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