Almería pierde a Antonio López Díaz, uno de los últimos pintores indalianos

  • El pintor fallece a los 87 años dejando una extensa obra tanto pictórica como escultórica Hoy a las 10:15 horas se oficiará una misa en el Tanatorio Portocarrero y será enterrado en Rioja

El pintor indaliano Antonio López Díaz falleció el viernes por la noche en su domicilio tras sufrir un derrame cerebral. Su cuerpo permaneció ayer en el Tanatorio Portocarrero donde hoy a las 10;15 horas se oficiará una misa y posteriormente sus restos mortales serán trasladados hasta Rioja donde será enterrado, junto a su primera esposa y uno de sus hijos.

Antonio López Díaz, nació el 12 de enero de 1928 en Alhama. Su niñez transcurre en el pueblo, junto a sus cuatro hermanas. Siendo muy niño ya tiene una gran inclinación por el dibujo. Con nueve años se traslada a vivir a Almería, en plena Guerra Civil. En Almería comenzó a trabajar en una tienda de comestibles que había en el Barrio del Quemadero, y en su camino de vuelta a casa diariamente pasaba por la puerta del taller y estudio de Jesús de Perceval, lo que hacía que el joven Antonio se parase largos ratos a observar por una ventana, que siempre permanecía abierta, el trabajo que allí se realizaba.

Un día Jesús de Perceval le pregunta si le gustaba el arte y le propuso trabajar con él. Desde ese momento comenzó a trabajar de aprendiz preparando maderas para los retablos de iglesias con el fin de dorarlos con pan de oro, haciendo policromías, tronos, etc. Hicieron muchos trabajos sobre todo en iglesias ya que todo había quedado muy deteriorado después de la guerra. Retablos como los de la Compañía de María, la Patrona y la Catedral.

Toda esta etapa la compagina con sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Almería, donde realiza nueve cursos consecutivos en las materias de pintura, dibujo y modelado.

Comienza a tomar contacto en 1945 con la recién creada Tertulia Indaliana, asistiendo a sus primeras reuniones y participando en cuantas manifestaciones plásticas celebra la Tertulia dentro y fuera de Almería. Su primera exposición la realiza en el Museo de Arte Moderno de Madrid en 1947, siendo seleccionado por la Academia Breve de Crítica de Arte que dirigía el maestro D'Ors para figurar en el VI Salón de los Once, celebrada en el Museo Nacional de Arte Moderno en 1948

En 1953, ya casado, decide marcharse a Brasil, donde pasara doce años de su vida. Recorre ciudades como Brasilia, Río de Janeiro y Sao Paulo. Allí trabajo muchísimo y dejo constancia de su buen hacer en muchísimos lugares donde hizo grandes obras. Sobre 1965 regresa de nuevo a España, influenciado por una enfermedad de uno de sus hijos. El reencuentro con su tierra le hace comenzar a pintar, dedicándose profesionalmente a la decoración con escayola.

A finales de los ochenta Antonio realiza su segundo viaje a Brasil, donde realizará de nuevo, decoraciones por encargo, pinturas murales y algunas esculturas. En su estudio siempre hay siete esculturas que representan las caras de los siete fundadores del Movimiento Indaliano.

En los últimos años, Antonio López Díaz sufrió un cambio profundo en su forma de ver la pintura. Comenzó a pintar abstracto y descubrió que la mezcla de colores le provocaba una sensación nueva.

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