Carla Bruni entra en el Club de las Primeras Damas

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Jackie Bouvier -Jacqueline Kennedy- siempre puso los ojos en Francia. A su modo de ver, después de haber sido educada en los colegios más elitistas y haberse graduado en francés por La Sorbona, la elegancia a la que aspiraba sólo podía encontrarla en las calles de París. No se hizo Primera Dama de Estados Unidos a imagen de ninguna Reina o Princesa de su generación, no buscó modelos en ninguna Corte, sino en su adorada ciudad de la luz. Jackie Kennedy llamó al diseñador Oleg Cassini para reinventarse. "Vísteme como si John fuera Presidente de Francia", le dijo entonces y ¡vaya si lo consiguió!.

Carla Bruni, otra joven nacida en el seno de una familia europea, tan acomodada como la suya, se dio cuenta enseguida de que emular a la norteamericana era la mejor baza para enfrentarse a su primer gran examen en el extranjero: la visita a la corte de la reina Isabel II.

Sus asesores han aprobado con nota, porque en los últimos días pocos se han detenido a analizar los acuerdos firmados entre el presidente francés, Nicolás Sarkozy, y el premier británico Gordon Brown, pero no ha habido publicación que no haya dedicado parte de sus páginas al estilismo que Carla Bruni ha lucido en la capital británica.

Al igual que Jacqueline, la señora Sarkozy bajó del avión con un conjunto de firma francesa Dior, unas bailarinas como aquellas que fascinaban a su homóloga americana y el sombrero casquete que siempre fue seña de identidad de la Kennedy.

Este look, combinado con un moño bajo y mirada cortesana, le daba un aspecto virginal que a otros les ha recordado la mismísima Lady Di. ¿Será Carla Bruni la nueva 'Reina de Corazones'?

La estrategia que siguen en el Palacio del Elíseo para fabricar la imagen pública de su nueva Primera Dama, no deja puntada sin hilo. De hecho, la elección del diseñador John Galliano para vestir a Bruni en su primera visita oficial a Londres, no ha sido casualidad.

Dior es propiedad de Bernand Arnault, un gran amigo de Sarkozy que le ayudó a llegar a la presidencia. Arnault es propietario de LVMH, un gigantesco grupo empresarial que aglutina las firmas más lujosas del mundo, como las glamourosas Dior, Louis Vuitton, Loewe y Givenchy.

Las joyas que lució la Primera Dama de Francia se las proporcionó Chaumet y con respecto al resto de su vestuario, cabe destacar la predominancia del gris, que empleo en varios conjuntos discretos y combinables entre sí. El toque de color lo puso el morado en un guardarropa correcto, artificial y poco creíble para una mujer a la que se le presume un temperamento fuerte.

Por la noche recurrió a un vestido azul índigo, con un recatado escote y mangas veladas en tul, que parecía sacado de la mítica película que protagonizó Audrey Hepburn en los años 60, Desayuno con diamantes.

Para su última velada en la ciudad del Támesis, optó por un palabra de honor en burdeos con un fajín ajustado debajo del pecho, combinado con un collar de oro blanco y brillantes.

Ni su polémico desnudo, que hizo de carta de presentación a la francesa a su llegada a la capital británica, ha podido hacerle sombra a Carla Bruni, una niña que, como Evita Perón, siempre soñó en ser artista y, tras pasear del brazo de varios caballeros poderosos, por fin se hizo con "su presidente".

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