Música hoy

Delirios tubulares

  • Cuando se cumplen 35 años de su publicación, 'Tubular Bells', de Mike Oldfield, sigue siendo un disco esencial del siglo XX

Tenía 17 años y todas las puertas a las que tocó se le cerraron en las narices. Aquel joven loco y melenudo llevaba una cinta con una extraña música casi sinfónica en la que nadie cantaba y en la que él tocaba todos los instrumentos. El caso es que gustaba. Pero era lo más anticomercial del mundo. Una obra de casi cincuenta minutos dividida en sólo dos partes. Así estuvo dando vueltas, con su extraña cinta, hasta que un día se topó con Richard Branson, un tipo que tenía algunas tiendas de discos y que creyó inmediatamente en él. Branson ahorró un poco de dinero para que aquel joven pudiera grabar al menos una de las partes de su obra en un buen estudio de grabación en una semana. Cuando Branson oyó el resultado, decidió apostarse todo su dinero y fundar una compañía de discos para editar el trabajo. No se equivocó: unos meses después, Richard Branson era multimillonario. Como el joven autor de la música, Mike Oldfield que, a sus diecinueve años, grabó una de las obras maestras del rock del siglo XX, Tubular Bells. Ahora se cumplen 35 años de aquella historia.

Tubular Bells es tal vez uno de los discos más fascinantes que se han grabado. Y lo es por muchas razones. El hecho que los productores de la película El Exorcista decidieran incluir su introducción en un fragmento del filme hizo que, a partir de entonces, todas las películas de terror incluyesen una insistente melodía de piano. Mike Oldfield también abrió la puerta a lo que se conocería como la New Age. Y no sólo eso: demostraría que una sola persona puede ser un hombre orquesta y tocar todos los instrumentos de un disco. Había roto todos los moldes.

Oldfield, que perdió a su madre muy joven, se había refugiado en la música desde la niñez. Rápidamente dominó la guitarra y empezó a interesarse por otro tipo de instrumentos, como el piano, la mandolina o las flautas. Era un músico nato. Con 12 años formó el dúo SallyAngie con su hermana, Sally Oldfield, y con 17 años entró a tocar como bajista en el grupo de Kevin Ayers, un afamado rockero inglés de finales de los sesenta.

El grupo de Ayers le supuso la posibilidad a Mike Oldfield de entrar en los estudios Abbey Road y experimentar con las grabadoras y los instrumentos que allí había mientras que aguardaba la llegada de sus compañeros. Así fue pergeñando los diferente fragmentos con conformarían Tubular Bells.

Los ingenieros de Abbey Road animaron a Oldfield a que grabara y un disco en serio y le ayudaron a realizar la maqueta que posteriormente todos los sellos discográficos rechazarían. Branson apostó tanto que creó el sello Virgin expresamente para editar Tubular Bells y pagó todos los gastos de grabación en el estudio The Manor, una mansión a las afueras de Oxford. Allí, el joven músico hizo un trabajo monumental, porque tenía que ir grabando cada parte instrumental de un tirón. Comenzó registrando el famoso riff de piano que se convertiría en el sello del disco para, a partir de aquella base, ir grabando sobre las demás pistas el resto de los instrumentos.

El final de la primera parte era un crescendo en el que todos los instrumentos iban sumándose uno a uno repitiendo el mismo motivo melódico. A Oldfield se le ocurrió una locura. Aprovechando que en el mismo estudio se encontraba el cantante Viv Stanshall, le pidió que ejerciera de 'maestro de ceremonias' e introdujera la entrada de cada instrumento. Así, Stanshall anunciaba: "¡Piano!" y aparecía el piano, "¡guitarra española!" y sonaba la guitarra. Cuando ya estaban sonando todos los instrumentos, Stanshall anunció: "¡Y Tubular Bells!". Era el estallido final. Mike Oldfield golpeaba las campanas tubulares con un percutor metálico. Lo hizo de tal manera que dobló una de ellas. De ahí surgiría la idea de la portada: una campana tubular doblada con un fondo de mar.

El disco salió publicado el 25 de mayo de 1973 y presentado a lo grande. Para interpretarlo en directo, Mike Oldfield contó con la colaboración de un buen puñado de guitarristas, entre ellos Mick Taylor, de los Rolling Stones. Tubular Bells fue una auténtica conmoción: llegaron a venderse 16 millones de copias.

También se convertiría en la gran obsesión de Oldfield, que en 1992 grabó una variación de la obra, Tubular Bells II seguida, unos años más tarde, de una versión disco, Tubular Bells III y de la regrabación completa del original en 2003. Sigue siendo un disco que se transciende a sí mismo en todos los sentidos, que sigue sonando muy bien.

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