"Flo es el actor con quien más a gusto he trabajado"

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La puesta en escena de Una pareja de miedo, en el Teatro Reina Victoria, constituye uno de los grandes éxitos de esta temporada en Madrid. A punto de cerrar este ciclo, acompañado por Florentino Fernández sobre el escenario -con el que forma un perfecto tándem-, Josema Yuste representa cada noche los diferentes personajes protagonistas de esta función para la que, en total, realiza veintinueve cambios de ropa. Un ritmo vertiginoso que, con provocar una carcajada como objetivo principal, acepta feliz por poder dedicarse a una profesión a la que ha entregado toda su vida. Casado en segundas nupcias, Yuste presume, además, de amor hacia su mujer y a sus cuatro hijos.

-Eligió esta adaptación de El misterio de Ira Vamp para regresar, por la puerta grande, a la cartelera teatral. ¿Esperaba la acogida que ha tenido?

-No. Me ha sorprendido. Hice ocho o diez meses en provincias y fue más o menos bien pero sabía que, para entrar en Madrid, necesitaba cambiar mi partenaire. Se me encendió la lamparita y pensé en Flo. Acerté a nivel artístico y humano. Es alguien muy normal, inteligente, generoso y compañero. Aunque no sea un gran texto, sí es divertida y original. No todo el teatro tiene que ser de autor. A veces, también te apetece relajarte.

-Habla de su relación con Flo con tanta pasión que pareciera que van a formalizar esta pareja…

-Ha sido casualidad. Nos gusta el humor blanco, absurdo pero, ni somos pareja, ni lo pretendemos. Eso sí, podría ser el comienzo de proyectos conjuntos. Es el actor con quien más a gusto he trabajado en toda mi vida. Fíjate cómo será que, al vivir cerca el uno del otro, se me ofreció para recogerme y, desde entonces, me lleva todos los días a la sala.

-¿No le cansa hacer el mismo papel, repetir en cada representación?

-No. Comprendo que el teatro tiene ese problema pero lo hago contento y con ánimo. Cuando llegas a dominar la función, empiezas a jugar con ella y nunca hay dos iguales. Y, además del éxito, me da de comer.

-Usted ha alcanzado, en su etapa con Millán, prácticamente todo lo que se puede anhelar en una trayectoria. ¿Qué motiva, en ese punto, a seguir adelante?

-Considero que, lo que estoy haciendo solo, no ha tocado el techo de Martes y 13. He descubierto que, en la comedia, me desenvuelvo. El otro registro, el drama, no lo he demostrado demasiado. Si algún día tengo la oportunidad, lo haré. Creo en mí, soy una persona creativa y me gusta mucho esto. También me apasiona estar en casa, el golf, el tenis… Trabajo porque me gusta y me divierte, no por nada ni por nadie.

-¿Cualquier tiempo no fue mejor?

-No soy nostálgico. No reniego de mi pasado. Me siento orgulloso pero siempre pensando en presente.

-Además, cuenta con un entorno que le apoya y que, imagino, le da otro tipo de estabilidad, ¿verdad?

-Sí. Tengo una familia fenomenal. De mis niños no puedo pedir más. Son sensatos, cariñosos, sencillos… Hemos intentado inculcarles, tanto mi esposa como yo, nuestros valores. Mi mujer me ha dado unos años maravillosos. Me ha proporcionado estabilidad y una descendencia que jamás habría soñado.

-Algo les habrá dado también usted a ellos…

-No lo sé. Supongo que sí pero no me he parado a pensarlo… Les he dado a mí mismo, la educación de mis padres, unos principios y una ética que te permita dormir tranquilos. Eso es importante para conducirte en la vida.

-¿Ninguno de ellos ha heredado su vocación por la interpretación?

-No. Vienen a verme y me dicen lo que les gusta y no, pero tampoco se pasan de fans.

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