Luisa Morales y Aaron Clark editan un trabajo de investigación sobre Albéniz

  • La publicación 'Antes de Iberia: de Masarnau a Albéniz' recoge los artículos presentados en el noveno Simposium Internacional de Música de Tecla Española 'Diego Fernández' celebrado en 2008 en Garrucha

El Festival Internacional de Música de Tecla Española cierra el año de celebraciones de los 100 años del fallecimiento de Isaac Albéniz con la publicación Antes de Iberia: de Masarnau a Albéniz cuyos editores son Luisa Morales, clavecinista, investigadora y directora de FIMTE, y Walter Aaron Clark, biógrafo de Albéniz y profesor en la universidad de California-Riverside.

Esta publicación es resultado de los artículos de investigación presentados en el IX simposio Internacional de Música de Tecla Española Diego Fernández celebrado en el Centro Cultural de Garrucha en octubre de 2008. En ella se encuentran autores tan destacados como Jacinto Torres, especialista en Albéniz, catedrático del Real Conservatorio, Michael Christoforidis de la universidad de Melbourne o Pola Baytelman, de Skidmore College, New York.

Para entender la génesis de Iberia, una de las grandes obras maestras de la historia de la música para teclado y quizás, la más extraordinaria composición para piano escrita por un compositor español, hay mirar atrás hacia el ambiente musical en el que Albéniz pasó sus primeros años, a los pianistas-compositores que le precedieron e influenciaron, como Santiago Masarnau y Pedro Albéniz, a los comerciantes de pianos que le auspiciaron, como Bernareggi en Barcelona, a los diarios que escribieron sobre sus actividades como La Correspondencia Musical, y las editoriales que publicaron su música, como la de Antonio Romero en Madrid.

Por supuesto, también hay que mirar hacia las influencias posteriores, en casa y en el extranjero, que jugaron un rol crucial en su carrera. Su relación con Enrique Granados y sus interacciones con músicos en París, especialmente Debussy, dejaron una profunda impresión en su arte.

Albéniz nació en una época en que España se estaba recuperando de los desastres acaecidos a principios de siglo. Existía un Conservatorio Nacional de Música - conocido entonces como Escuela Nacional de Música y Declamación, hoy Conservatorio Real -, organizaciones corales y sinfónicas en Madrid y Barcelona, un número en aumento de teatros y salas de concierto, y por supuesto, la zarzuela.

Además de esta infraestructura cultural, y probablemente aún más importante, existía un auge del folklore rural y urbano cuya difusión se realizaba en espacios públicos como los cafés cantantes. Una economía en auge promovía la venta de pianos y partituras así como la asistencia a conciertos. La expansión de la red ferroviaria facilitaba el intercambio cultural en el país.

Albéniz se benefició de todo lo anterior. Comenzó sus clases en el conservatorio de Madrid en 1868 y pronto aprovechó la red de ferrocarriles españoles para viajar por el país, dando conciertos en lugares tan alejados y aventurados como Ávila, Granada, Cartagena, Salamanca, Valladolid, Barcelona y Zamora. Se imbuyó del folklore regional durante sus viajes y finalmente lo vertió en su música. En los años 1880 escribió zarzuelas y conciertos, que fueron estrenados por importantes asociaciones de conciertos.

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