Letras hoy

Minotauro en el laberinto

  • En el catálogo de la editorial Minotauro se encuentran los autores de la narrativa fantástica de todos los tiempos, Ballard, Le Guin, Dick o Lem l Fernández Giordano se ha hecho con el Minotauro 2008

En puridad, puesto que hablamos de un artificio que convoca gentes, mundos y edades cuasi infinitas sobre una simple página en blanco, cabría decir que toda literatura es fantástica. No obstante, hemos dado en llamar así, 'fantásticas', sólo a las evocaciones desvinculadas de eso que ha dado en llamarse 'realidad' y a las fauces de ese Maelström se arroja toda la narrativa de ciencia ficción, de terror o la épica hodierna de la espada y la brujería… Nos negamos a reconocer que esos mundos futuribles de la ficción son reflejos oblicuos del presente; es decir, son inconcebibles sin el trampolín de la realidad. Nos olvidamos de que los monstruos son producto del sueño de la razón, proyecciones del hombre. Tampoco vemos que en los pechos de esos paladines y hechiceros del Señor de los Anillos y otras sagas afines laten los anhelos de nuestros amigos y vecinos, los anhelos de una sociedad que sigue poniendo la mitad de sí en sus sueños.

En el laberinto de las letras en español, nadie ha hecho tanto por el género fantástico, en sus distintas expresiones, como la editorial Minotauro. En su catálogo se encuentran los autores y las obras inexcusables de la narrativa fantacientífica, terrorífica o legendaria, de ayer y de hoy: J. G. Ballard, Ursula K. Le Guin, Philip K. Dick, Stanislav Lem y un nutrido etcétera. No contenta con esto, a modo de reivindicación y desagravio, Minotauro convoca el premio que lleva su nombre desde hace un lustro, una especie de órdago a una literatura, la nuestra, que no se ha prodigado en exceso por los senderos de lo extraordinario o lo maravilloso (Lo que no quiere decir que haya tenido siempre los pies en el suelo). La empresa es digna de alabanza, aunque aún esté en fase consolidación y cuente con algún lamentable traspié, como haber recompensado una novela tan insuficiente como Gothika de Clara Tahoces en la convocatoria de 2007. Este año, la cosa ha ido un poquito mejor.

Federico Fernández Giordano, joven uruguayo residente en Barcelona, se ha adjudicado el premio Minotauro 2008 con un divertimento descafeinado, ni bien traído ni bien llevado, que, si acaso, se lee sin excesivo esfuerzo. El libro de Nobac ofrece una buena ración de literatura autófaga, ésa que se alimenta exclusivamente de literatura. El protagonista responde al improbable nombre de Edgar Pym, un destajista de la escritura que, un mal día, responde a la invitación de un misterioso anciano, el señor Valdemar (dos obvias menciones a Edgar Allan Poe). Valdemar le descubre un libro en cuyas páginas se está transcribiendo su existencia; un libro vivo e inagotable (como el Necronomicón de Lovecraft o el Libro de Arena del maestro Borges) en el que, ciertas noches, se suman líneas al texto y páginas al volumen enumerando (y alterando) los pormenores de la vida del viejo. En la aventura de desentrañar el enigma (una empresa para la cual, en ningún momento, Pym ha sido presentado como una persona capaz) participa una periodista, Lisa Lynch, recortada asimismo con patrones reconocibles; éstos, más cinematográficos que literarios.

En el relato hay una alegría que se agradece, pues ésta es la que acaba salvando el desastre, al menos en parte. Si comparáramos Fernández Giordano a sus referentes (Poe, Lovecraft, Borges), la verdad es que saldría bastante mal parado. La perspectiva más ventajosa es verlo como uno de esos malabaristas que lanzan al aire unas pelotas y consiguen hacernos creer, unos instantes, que éstas no salen de sus manos, sino que flotan alrededor. Por desgracia, a Fernández Giordano le falta destreza aún, las pelotas se le escapan, y en las páginas se deslizan graves incongruencias, así como bochornosas impropiedades; a saber: nadie puede abrir una "obertura" en una ventana tapiada (se dice en página 171), sino una "apertura"; tampoco se deja a nadie "a sus expensas" para escribir un rato (página 186), sino "a sus anchas". Los ejemplos podrían ser más, pero dejémoslo aquí y volvamos sobre nuestros pasos. Nadie ha hecho tanto por el género fantástico como la editorial Minotauro, lo decimos y lo mantenemos, pero le rogaríamos que aumentara el grado de exigencia en esta iniciativa suya.

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