El Museo Ibáñez incorpora 'La sagrada familia' de Perceval a su exposición

  • La obra, una de las más destacadas dentro de la producción de temática religiosa del fundador del Movimiento Indaliano será presentada esta noche a las 19:00 horas en la Pinacoteca de Olula del Río

Tras pertenecer a varias colecciones privadas almerienses y haber sido mostrada en diversas exposiciones temporales, La Sagrada Familia de Jesús de Perceval (Almería, 1915-1985) ha recalado en los fondos del Museo Casa Ibáñez de Olula del Río.

Allí quedará expuesta, en su sala número 10, junto a las obras de los almerienses Ginés Parra, Capuleto, Cañadas, Alcaraz, Cantón Checa y Segura Ezquerro que la institución pública olulense exhibe actualmente.

La obra, un óleo sobre lienzo de tamaño considerable, ha sido depositada en la Fundación Museo Casa Ibáñez por su actual propietario, el artista y presidente de la fundación Andrés García Ibáñez, para que aquélla quede expuesta permanentemente y pase a formar parte de la colección de arte contemporáneo almeriense que, poco a poco, la pinacoteca almanzorí va conformando con la intención de, en un futuro próximo, poder dedicar en su discurso un espacio significativo al Arte Almeriense de los siglos XX y XXI.

Obra colorista y tocada de luz mediterránea, La Sagrada Familia fue realizada por Perceval en 1956, un año antes de pintar al óleo el retablo de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Roquetas de Mar.

Un conjunto formado por siete escenas entre las que incluiría el polifacético creador almeriense una nueva representación de este mismo tema, por lo que en ocasiones se ha llegado a pensar que el lienzo ahora expuesto en el Casa Ibáñez se podría tratar de un ejercicio previo a la ejecución el retablo roquetero.

Una hipótesis que se vería reforzada, a pesar de algunas diferencias propias del destino último de cada una de las obras, por las similitudes formales que se observan en la composición del ventanal abierto y el paisaje que sirven de fondo a la escena familiar.

Lienzo siempre destacado por los estudiosos de la obra de Perceval como uno de los más importantes de la década de los cincuenta, aunque en él recurriría el indaliano a la iconografía tradicional, representando en un interior al Niño Jesús rodeado de su familia terrenal (la virgen María y San José), en este cuadro hará gala el artista almeriense, como ya hiciese en su famosa Degollación de los inocentes (1951), de la modernidad que caracterizará su producción, convirtiendo la escena religiosa en una escena doméstica.

Composición equilibrada, en la que Perceval se mantendría fiel a su particular estética hermanada con el estilo de Rafael Zabaleta y parece querer desacralizar la escena presentando a una humilde familia de labriegos orgullosa de su retoño, en el centro de la escena, sobre una modesta mesa, el Niño Jesús se alza posando su pie sobre el pan que simbolizará la Eucaristía. Una obra fascinante del almeriense.

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