La Peña El Taranto lleva el duende del flamenco a la prisión de El Acebuche

  • Hubo un recital de flamenco para los internos de David Rodríguez y la joven Judit Alférez

La peña El Taranto ha llevado su arte este mes de junio a la Prisión de Almería. La Unidad Terapéutica y Educativa de El Acebuche ha sido el escenario, donde los palos flamencos de El Taranto, han encontrado su más pura esencia, entre los reclusos que hacen vida en esta unidad.

La UTE es un módulo libre de drogas. Aquí cumplen condena aquellas personas que han cometido un delito por su adicción a las drogas. Un espacio donde la droga, fuente de sus penas, queda desterrada de sus vidas. Personas necesitadas, marginados que han roto las cadenas de su dependencia y vuelven a ser "personas".

Las palabras de Marco Rubio de Bustos, el que fuera quince años presidente de la Plaza taurina de Almería y gran aficionado al flamenco, fueron el preludio para que Antonio Zapata Roldán, reputado estudioso del flamenco, hablara a los internos del cante, su origen, los palos y cuantas cuestiones los reclusos le plantearon, dando muestras, más que sobradas, de encontrarnos ante uno de los mayores entendidos de este arte del pueblo, tan enraizado en nuestra cultura.

Y llegamos con esto al plato fuerte de la jornada: La guitarra de David Rodríguez Ibáñez y el cante de Judit Alférez Plaza.

Judit esa tarde encontró el "duende" entre las rejas de El Acebuche. Su voz, templada y laína, colmada de registros agudos y brillantes, tan elegante como llena de fuerza, recreó una actuación de profundo sentimiento, que derribó los férreos muros de hormigón, para dar paso al mismo cielo.

Fue el lugar, el momento, o la mano de Dios, pero esa magia, tan huidiza que pocas veces se alcanza, tocó esa tarde de junio a la Prisión de El Acebuche.

Nos deleitó Judit con la Malagueña de la Trini, Bulerías por Soleá, Seguidilla de Paco de la Luz, Tango del Camino, Taranto, Cantiñas, Alegrías, para rematar por Bulerías. Fue su voz, magistralmente acompañada de la guitarra de David, como un huracán, tan llena de fuerza y vitalidad, que los aplausos semejaban el retumbar del trueno tras la tormenta de sentimientos que su cantar arrostraba.

Guitarra y voz brillaron muy altos, arrancando la ovación de los internos, que con caras emocionadas y aplausos enfervorecidos, olvidaron por una tarde sus penas y se encontraron con la libertad que el arte de verdad te lleva al corazón.

Una experiencia que debemos repetir y que agradecemos los internos y trabajadores de la UTE, de todo corazón, a la peña El Taranto.

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