Secretos del fervor romero

Tenía apenas siete años cuando Fran Rivera hizo ya su primer camino. La tradición que su madre, Carmina Ordóñez, le inculcó desde pequeño germinó y, hoy día, se ha convertido en uno de los miembros conocidos más fieles de la Hermandad del Rocío de Triana. "Esto, hasta que no se hace, no se conoce", comenta el diestro mientras se dirige a la aldea de Almonte. "El secreto está en los momentos especiales que surgen aunque, para mí, al cruzar el Quema es cuando más magia se genera. Luego está el arte, el recogimiento, las sensaciones y sentimientos". Acompañado de un grupo de amigos, el torero constituye uno de los atractivos mediáticos más populares de esta fiesta.

Lo mismo que lo han sido otras como Lola Flores, Rocío Jurado o Isabel Pantoja quien, desde joven, se ha dejado ver con frecuencia por los parajes de las marismas. "A Isabel le gusta mucho el Rocío y, cuando viene, es muy simpática y saluda a todo el mundo", explica Anselma quien, ella sola, suele gastarse en torno a doce mil euros durante esta semana. "Lo que más disfruto es cuando tengo que organizarlo todo. Es un acontecimiento internacional y, como toda romería, algo alegre", reconoce la que es responsable de uno de los locales turísticos más atractivos de la noche en Sevilla donde, entre bailes y cantes, nunca falta la interpretación de la Salve rociera. ¿Su mayor agradecimiento a la Señora? "Mis padres se conocieron aquí así que, imagínate lo que significa para mí".

Experiencias asociadas a las arenas que, en la mayoría de los casos, se pierden en la memoria hasta tal punto que hace difícil localizar el momento exacto en el que nació la pasión romera. "Cada uno es libre de pensar lo que quiera pero el Rocío es más que diversión", explica Falete quien, por vez primera, camina junto a los hermanos de Sevilla. "Acudo desde que tengo uso de razón y, entre lo más emocionante que recuerdo, está cuando me dejaron tocar a la Virgen. Me quedo con mi gente hasta el final porque, además, tengo muchos a quien atender. En mi casa pueden reunirse hasta doscientas personas".

Y es que el Rocío no podría entenderse sin su fraterna convivencia. Igual que sin las miles de historias que aquí nacen y que, a la razón humana, le resulta difícil descifrar. "Dediqué unas sevillanas, En la ermita es p´a morir, a un padre que llevaba a su hija, con problemas de movilidad, para que la Blanca Pastora la curase", avanza Antonio Cortés Pantoja. "Con el tiempo, apareció aquel señor a saludarme y, detrás, su niña andando sola. Fue un milagro". Miembro honorífico de la Hermandad de Almensilla, con la que colaboró en los gastos de la que se conoce como "Carreta de los artistas", Chiquetete se ha unido esta vez a Carmona, en cuya fundación participó su mujer, Carmen Gaona. "Muchas veces me pongo detrás del "simpecao" y pienso en algo que me infunda fuerza. Siempre pido por mi familia".

Son los puntales de la devoción de algunos rocieros. Sensaciones compartidas por todos los que hacen suya esta celebración para los cinco sentidos y, más aún, para el alma. Un sendero para el que, la fe, es el principal motor. El resto, invitamos a descubrirlo, es más leyenda que realidad.

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