'Vértigo', de fracaso a película de culto en 50 años

  • La película más compleja de Alfred Hitchcock, en la que el suspense muere a mitad del metraje, ha tenido que vivir medio siglo para ser reconocida como una de las mejores de la historia

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Se cumplen 50 años del estreno de Vértigo, la cinta de Alfred Hitchcock que se sobrepuso a las tibias críticas y la pobre acogida en taquilla para ser considerada una de las mejores películas de la historia. La sexualidad inmoral, el simbolismo atrapado en una espiral y el asesinato del suspense en la mitad de la trama son las armas que convirtieron a Vértigo en la película más compleja de Alfred Hitchcock, en la que se transparenta con el turbador envés de su sentido del entretenimiento.

Vértigo cuenta la historia de un ex policía que se enamora de la mujer a quien le han encargado seguir -personajes interpretados por unos inolvidables James Stewart y Kim Novak- y se corresponde con la definición clásica de "thriller psicológico" que aparece en cualquier manual de cine.

Además, "hay en Vértigo otro aspecto que llamaría 'psicosexológico' y es la voluntad que anima a este hombre para recrear una imagen sexual imposible: para decirlo de manera sencilla, este hombre quiere acostarse con una muerta; esto es, necrofilia", explicaba sobre la película a François Truffaut en el libro El cine según Hitchcock.

Efectivamente, si el cineasta británico es considerado "el mago del suspense" es por su habilidad para nutrir tan entretenido género de una fina ironía en clásicos como Con la muerte en los talones (1959), de un profundo romanticismo en Encadenados (1946) o de una disección psicológica -y patológica- de sus personajes, de la que Vértigo es el mejor ejemplo. "Es fascinante que una película tan íntima pudiera salir de un sistema de monopolio de estudio y con grandes estrellas", reconocía Martin Scorsese en el documental Obsesionados por Vértigo, realizado con motivo de la restauración del filme en 1993.

Y es que las obsesiones del maestro se explicitaron más que nunca en este filme. James Stewart recibió su personaje más complejo, Scottie, y Hitchcock, contradiciendo a la novela original -escrita pensando en él por los psicólogos Boileau y Narcejac- decidió ahogar el suspense y revelar el misterio a mitad de la película: la Madeleine de la que se había enamorado el protagonista era una joven llamada Judy, contratada como señuelo para encubrir un crimen. Así, emerge en la película un poderoso y enrarecido retrato de un amor obsesivo y necrófilo que obliga a releer todo lo anteriormente mostrado.

Curiosamente, Hitchcock sometió a Kim Novak durante el rodaje al mismo proceso que Scottie realizaba con su personaje: mimetizarla con la actriz Vera Miles, para la que había diseñado el doble rol de Judy/Madeleine pero que rechazó el papel debido a su embarazo.

Novena mejor película de la historia

En 2007 el Instituto de Cine Americano (AFI), que nueve años atrás la situó en el puesto 61, incluyó la cinta dentro de las diez mejores jamás filmadas. Pero no siempre cosechó tanto entusiasmo. "El viejo maestro ha fabricado otro disparate 'hitchcockiano', donde el misterio no es tanto quién lo ha hecho, sino a quién le importa", afirmó la revista Time tras su estreno.

"Los ocasionales estallidos de estrepitosa acción, la prestidigitación cinematográfica y el inventivo uso del color no son capaces de mantener el interés a lo largo de la tenue narrativa de Hitchcock", sostuvo el rotativo Saturday Evening Post. El filme, al menos, cubrió gastos, aunque para un director como él, eso debe suponer un fracaso.

No obstante, fue candidata a dos Óscar, a la mejor dirección artística y al mejor sonido, y Hitchcock se llevó la Concha de Plata al mejor director en el Festival de Cine de San Sebastián, donde tuvo lugar el estreno mundial de la película. James Stewart también se hizo con el Premio Zulueta al mejor actor.

Entre el voyeurismo y la obsesión

La perturbación fue descrita por Hitchcock casi sin palabras, a través de las largas secuencias de solitaria persecución, con la ayuda de un Stewart inmejorable en ese silencioso enamoramiento que llevaba hasta el extremo el voyeurismo que ya había encarnado en La ventana indiscreta (1954). "La historia de nuestra película me interesaba mucho menos que el efecto final, visual, del actor en la pantalla en el film acabado", le explicaba Hitch a Novak y, por ello, Vértigo es también el retrato del poder de fascinación de una imagen y de cómo ésta hace presa a la realidad, como le sucede también a Judy con su enigmática creación de Madeleine.

Para ello, Hitchcock hizo un uso irreal del cromatismo y recurrió a sus conocimientos en el arte surrealista -estudió Bellas Artes-, su pasión por el psicoanálisis -al que introdujo en el cine con Recuerda en 1945- y a la inestimable ayuda de la música "wagneriana" de Bernard Herrmann y los créditos de Saul Bass, que remataron el hipnótico conjunto. Toda una espiral de suspense e hipnotismo al que homenajearon años después directores como Brian de Palma en Fascinación (1976) o Martin Scorsese en El cabo del miedo (1993).

"Es la culminación de un proceso creador que sobrevuela, perpetuamente, sobre dos abismos y sobre el impulso que los une y los separa: el amor y la muerte", sentenciaba Ramón G. Redondo en el monográfico que a la película dedicó la desaparecida revista Nickelodeon.

En esa misma publicación, se rescataba un artículo de John Russell Taylor en The Times, que relacionaba la película con la búsqueda de la belleza femenina del director. "Es difícil no detectar una extraña semejanza, difícilmente casual, con lo que 'Hitch' ha hecho una y otra vez a sus protagonistas femeninas. Vértigo se acerca de forma alarmante a una alegoría autobiográfica, a un documento sobre la búsqueda obsesiva por parte de Hitchcock de un ideal, a un cuento de amor perdido y reencontrado", concluía.

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