"No acepto en una mujer la cobardía"

Aunque vino al mundo en Palma de Mallorca, los orígenes de su tribu -concepto que emplea constantemente- se encuentran en Guinea Ecuatorial. De allí hereda el color de su piel y, de allí también, nace esa filosofía suya que le ha ayudado, superando siempre los malos momentos, a seguir adelante. Recuperada del desamor de una mujer que, no hace mucho, le ha marcado, Concha Buika se transforma ahora en "La niña de fuego", título del álbum con el que, después de "Mi niña Lola", vuelve al mercado musical. Coplas, rancheras, baladas… El estilo es, según ella misma, lo que menos importa pues, más allá, se encuentra el sentimiento, auténtico motor de esta artista de verbo inteligente y voz desgarrada.

- Ya que lo menciona tanto… ¿Podría definirme qué es el amor para usted?

- La concepción de la existencia. El todo. Por lo que estamos aquí. Hasta un cable tiene mucho amor detrás.

-¿Es usted esa "niña de fuego" que da título a sus nuevas canciones?

-Todas las que nos atrevemos a vivir lo somos. No acepto en una mujer ni el victimismo, ni la cobardía. Recuperé hace tiempo la niña que fui y, hasta que no tenga lo suficiente para ser señora, aquí me quedo. Para ser mujer hay que poseer demasiada fortaleza y yo también me rompo.

-¿El suyo es fuego que abrasa o sólo calienta?

-Depende de cómo te acerques. Si vienes a meter la mano, lo mismo te quemas.

- Se trata usted, por tanto, de una persona que encierra cierto riesgo, ¿no?

-Siempre. Pero del de verdad, no del de hacer daño porque sí. La vida en sí tiene peligro y nosotros debemos atrevernos a todo. Billy Holliday y Rocío Jurado, por ejemplo, intentaban expresar lo mismo. La Jurado ha sido la jazzista más acojonante de este país. Más que cantantes, contaban lo que les pasaba.

- ¿Se parece Concha Buika a estos dos mitos que acaba de mencionar?

- Me queda mucho aún. A los cincuenta espero ser una joven promesa del jazz. En mi caso, la música me ayudó a solemnizar el abandono, la tristeza del desamor -que no es otra cosa que el primer paso al amor hacia uno mismo-. Que te dejen es asumible. Lo que no se lleva es estar acompañado y encontrarte solo.

- Lleva el brazo tatuado con diferentes nombres. ¿Quiénes son?

- Mis diosas. Las musas de mi vida. Mi bisabuela, mi abuela, mi madre… En la nuca tengo un símbolo de mi amor a la música, a mi hijo y a su padre. Sigo enamorada de todas las personas de las que me he enamorado.

- ¿Y ellas corresponden ese cariño?

- Da igual. Tenemos la libertad de sentir lo que queramos. Estoy aquí para rellenar mi propio espacio.

- Parece que, por lo que dice, no es muy ambiciosa en cuanto a objetivos que lograr...

- ¡Claro que sí! Me gustaría mucho que pudiéramos hablar, fomentar el diálogo, el tacto… Coches y eso, tampoco me he parado a pensar. Pero sí ambiciono sexo, discusiones, tertulias…

- ¿Y si no fuera la música su profesión?

- Robaría cuadros de las colecciones privadas para que todos pudiéramos verlos.

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