Yo amo, tú amas, él ama…

  • 'Cuídate de los poemas de amor', una obra plagada de sorpresas y repleta de aciertos, es la primera recopilación de relatos de Salvador Compán l Un magnífico libro a vueltas con amores y amoríos

Dice un viejo adagio que el amor es un nosequé que empieza no se sabe cómo y termina no se sabe cuándo; una ristra de interrogantes entreverados a una única certeza: si somos correspondidos, el mundo entero parece estar en su sitio; si no, no. Lope de Vega habría apostrofado: "Quien lo probó, lo sabe". La gavilla de relatos reunidos en este precioso libro insisten en ello: el amor es un nosequé que puede hacernos inmensamente felices o todo lo contrario, depende. Y si el amor es imprescindible -aunque no bastante, como quizás sepa quien lo probó-, nadie es del todo ajeno cuando se le convoca. Nos gusta conjugar el verbo amar. En el cuento que da título al volumen, Cuídate de los poemas de amor, una profesora universitaria, sin experiencia ni gancho, consigue meterse en un puño a un grupo de estudiantes que no están por la labor recitando unos contundentes versos de Vicente Aleixandre: Pero otro día toco tu mano. Mano tibia. / Tu delicada mano silente…

Para Salvador Compán (Úbeda, Jaén, 1951) el amor es un elemento líquido que adopta, mal que bien, la forma del molde donde se derrama. En el libro hay (no podían faltar) amores intransitivos, erróneos, de ésos que se dan a una sola banda, como en La reina del carnaval, advertencia asimismo de que con estas cosas no se juega: un joven se obsesiona con una chica que ha respondido de buena gana a sus envites durante unos carnavales en Cádiz y se marcha tras los pasos de ella a Sevilla, sin mayores pistas, con la esperanza de volver a encontrársela… Se habla asimismo de amores platónicos: en El limpiador de cristales -una exacta, refinada, feliz miniatura-, el limpiador del título se prenda de una mujer que suele contemplar a través de las ventanas, y le escribe los preceptivos poemas, y estampa besos en los vidrios recién fregados… Hay amores exactos, que son la urgencia del uno por el otro; estoy pensando ahora en la historia de Trenes: un joven maquis se enamora de una chica solitaria que ha entrevisto a través de las ventanillas de un tren en marcha; la chica, que le corresponde, lo cita en la estación un domingo, a cierta hora, sin sospechar que está atrayéndolo al matadero.

Hay amores trágicos. De gente que se quiso, pero ya no. De gente que ayer se susurraba ternuras a los oídos y hoy se escupen insolencias, de parejas que ayer se miraban a los ojos y hoy no se pueden ver, como en Cena de reyes, un cuento con un sorprendente (y sutil) quiebro final, que sigue a un hombre triste, desesperado, por las calles sevillanas. Hay amores fugaces. Que se apagan, apenas insinuarse. De raicillas débiles que no agarran en la tierra: en Imágenes -una pieza con su punta neurótica, de clara adscripción cortazariana-, un hombre confiesa haberse enamorado de la esposa de un amigo y tanto hace y tanto dice que, cuando la tiene finalmente en los brazos, él mismo se da cuenta de haber exagerado un poquitín. Y hay amores que son la reducción del amor a un mero trapo sucio, carnaza para acaparar una mayor audiencia, imagino que saben a qué me refiero. En La estrategia del pescador, Compán se adentra, sin saña, en la vida íntima de aquellas personas -lo son, digamos lo que digamos-, aquellos individuos dedicados a esos programas repugnantes que llaman del corazón, en la llamada telebasura, para exponer a un presentador a una de esas sucias trampas que acostumbra a tender a los demás.

Nada agradece más el buen lector que un trabajo esmerado, inteligente y alerta con la que es, si no la única, la herramienta primera y principal del escritor: las palabras. Ese esmero, esa penetración, esa audacia se dan en abundancia en este magnífico libro, a vueltas con amores y amoríos, plagado de sorpresas, repleto de aciertos. Una primera recopilación de relatos de Salvador Compán que nos hacen desear otras.

Que no tarden.

A pesar de las advertencias de Salvador Compán, no podemos sustraernos a aconsejarles algunos de los mejores poemarios de amor de todos los tiempos. En este volumen se reúnen el segundo y el tercer libro de Aleixandre: el segundo de ellos, que propone una apasionante disyuntiva, La destrucción o el amor, recibió el Nacional de Literatura mientras aún estaba inédito.

Salinas tal vez sea uno de los mayores poetas de temática amorosa de las letras en español. Cátedra reunió en un solo volumen la trilogía que Salinas dedicó a la cuestión: La voz a ti debida hace una reflexión sobre las emociones; Razón de Amor habla del momento de la ruptura; mientras Largo Lamento describe el vacío que queda cuando todo se queda atrás.

Neruda escribió este poemario en 1924, a los veinte años, quizás por eso los poemas son veinte, ¡quién sabe! El libro es una joya sin desperdicio. Por algunos poemas no pasará el tiempo jamás; estoy pensando en ese poema, el XX precisamente, que empieza con aquel tremendo "Puedo escribir los versos más tristes esta noche".

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