Festival de Teatro de El Ejido

Las aventuras de un piojo a través de unas marionetas

  • La compañía El Espejo Negro contó un relato que despertó la imaginación de los más pequeños en el Teatro Municipal

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La nuca de un maquinista de ferrocarril es el comienzo de La vida de un piojo llamado Matías. Nació un personaje hambriento de sangre, pero que a la vez se hizo una de las marionetas que más ternura causó en toda la representación. El protagonista comenzó a contarle a su nieto un relato para que se durmiera y sus aventuras desde su nacimiento fueron la excusa perfecta. De esta forma, la compañía El Espejo Negro trajo una historia de marionetas destinada a los niños de 4º, 5º y 6º de Primaria.

Matías se encontraba dentro de una liendre y se hizo tan grande que salió del huevo. Tras nacer, un dedo amenazaba con acabar con el personaje que llevaba muy pocos minutos de vida.

Según contaba la historia, la vida del piojo se prolongaba porque el maquinista se lavaba muy poco y no se quitaba la gorra casi nunca.

Matías subió de la nuca del maquinista a la cabeza para poder ver los paisajes que recorrían gracias al ferrocarril.

Durante cinco días vivió Matías la totalidad de su infancia. El piojo cogió el nombre de la persona a la que le estaba causando un fuerte picor. Y la vivió solo porque no conoció a ninguno de sus progenitores.

Una de las anécdotas que más trauma causaron en el piojo fue cuando el maquinista decidió ducharse. La vida de Matías corrió serio peligro y los niños que acudieron al Teatro Municipal se asustaron porque pensaban que Matías había muerto.

En la cabeza del maquinista no se encontraba sólo Matías, sino que conoció a Nadia, que quería viajar a la oreja porque le habían dicho que, en esa zona, se encontraban los manantiales de sangre más dulces y calientes.

Matías, que tenía 7 días y 30 minutos, era tres horas más viejo que Nadia. Una de las bromas que se dijo en la obra es “piérdete en un calvo”.

Los niños aplaudieron al son de la música hasta que los dos protagonistas se encontraron con dos piojos soldados. Capturaron a Matías y a Nadia y los obligaron a trabajar en una cantera de caspa.

De esa tortura, Nadia pudo escapar gracias a una tormenta, pero Matías que estaba durmiendo no pudo salir de allí.

Al final Matías cayó en la gorra gris del maquinista, pero no había nada para comer. Así, el piojo saltó de allí a un gorro de lana. Este complemento era del hijo del ferroviario.

Ya en la cabeza del niño, se encontraron de nuevo Nadia y Matías. El amor surgió entre los dos piojos. De esta forma, tuvieron un total de 55 piojos por lo que la madre tuvo que abandonar al padre para ir dejando los huevos por el resto de la cabeza.

Después de que la madre del niño se diera cuenta de que el su hijo tenía piojos, Matías tuvo la suerte de que no lo exterminaran y cayó en el suelo.

Luego encontró el hospedaje en el perro de la familia que fue su última residencia y se reencontró de nuevo con Nadia y fueron felices para siempre.

Los niños que asistieron a la obra quedaron encantados con la representación y, a partir de ese momento, ninguno de los asistentes no verán a los piojos como enemigos.

La representación de La vida de un piojo llamado Matías está incluida dentro del programa Abecedaria de la Junta de Andalucía.

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