La cáscara vacía

  • Alianza publica la 'Carta de Lord Chandos' de Hofmannsthal

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En este breve pastiche de Von Hofmannsthal, Carta de Lord Chandos, lo que se despliega es una antigua problemática que ya había asediado al siglo XVI y el comienzo de la época clásica: la falta de coincidencia entre el idioma y el mundo. No es casualidad, por tanto, que la hipotética misiva del noble inglés se dirija al hombre más eminente de su siglo, Lord Verulam, el bárbaro y expeditivo sir Francis Bacon. Recuerden las palabras sir Francis al inicio de su Teoría del cielo: "Habida cuenta de las dificultades que por todas se presentan deberíamos darnos por satisfechos si pudiéramos sostener algo plausible". Éste es también el dilema que se plantea a finales del XIX en la Viena de Hofmannsthal, de Musil, de Freud, de Kafka o de Lenin. Éste es, en fin, el dilema de toda la Europa de entresiglos.

Y para explicar esa fractura, el mundo como sugerencia, el lenguaje como incapacidad, la Carta de Lord Chandos viene acompañada de un ensayo de Claudio Magris, La herrumbre de los signos, que incardina el trampantojo de Hofmannsthal en la vasta disolución del Imperio Austro-húngaro, cuyo fin, con el asesinato de Francisco José I en Sarajevo, estaba apenas a una década de distancia. ¿Qué quiere, qué pretende Von Hofmannsthal, poniendo en boca de un noble del Renacimiento inglés la inquietud de un austriaco del XIX? Travestido de Lord Chandos, lo que Hofmannsthal querría poseer es la "lengua en la que me hablan las cosas mudas; esto es, aquel idioma imposible, de infinita versatilidad, que fuera capaz de aunar, de elucidad, de retener, la voz de la llovizna y el coro de sombras que habita en nuestras frentes".

También Santa Teresa sintió esta orfandad, de igual modo que en el XIX, caída ya la hegemonía ilustrada, el poeta caminará entre sombras. Magris, con la solvencia y la erudición habituales en él, cifra esta inquietud en la Europa central que acogió las dudas del poeta. Pero ya digo que esta indecisión, cosa que Magris no olvida, fue el patrimonio de toda la vanguardia simbolista, desde el verso enigmático de Mallarmé al fino caudal acústico de Chopin, donde la realidad se convirtió en un vapor lacustre. Lo que en Bacon era firme sospecha, con Descartes se transformó, veinte años después, en vorágine del siglo e inmenso jeroglífico. Así ocurre en Hofmannsthal y su falso Lord Chandos. Así ocurre en Valle-Inclán, como antes en Baudelaire o Goethe. El mundo, su vertiginoso crepitar, estaba a punto de decirse.

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