Y que cumplas muchos más: joyas en el BAFF

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Diez años del Festival de Cine Asiático de Barcelona dan para mucho, aunque este parto conmemorativo de sextillizos explicite el calibre de la asentada cita. Más allá de filias y fobias, es la oportunidad perfecta para despistados y perezosos de las nuevas tecnologías de consumo cinematográfico: aquí podrán ponerse al día de algunos nombres y obras fundamentales en el cine contemporáneo (ésos y ésas que a duras penas escucharán en los muchos y masivos medios de comunicación).

De las seis hay tres que, sin duda, se encuentran entre lo más interesante y radical del panorama actual: hablamos de Shara, de la japonesa Naomi Kawase, Syndromesanda century, del tailandés Apichatpong Weerasethakul, y Goodbye, Dragon Inn, del malayo, aunque taiwanés de adopción, Tsai Ming-liang. La primera supuso la vuelta, tras dos documentales biográficos -y abrasadores en tanto paseaban por heridas vitales sin esquivar la mostración directa-, de Kawase a sus ficciones pudorosas y elegíacas. En Shara, como en la fundacional Moenosuzaku, se trata de una desaparición (aquí uno de los hijos de un matrimonio), de las obsesivas variaciones que el trazo de lo inesperado deja en unos seres para los que, al final, llega la recompensa del tiempo como espiral: un nuevo hijo, un nuevo hermano, una vuelta a lo parecido pero completamente distinto. Weerasethakul, por su parte, volvía a quebrar en dos (al igual que ocurría en las bifrontes Blissfullyyours y Tropicalmalady) su Syndromes and a century, soterrada celebración del encuentro de sus futuros progenitores que ensaya lúdicamente el pasado a partir de una excéntrica coralidad abierta a un azar y una libertad impensables -si tenemos en cuenta que conocemos el desenlace. En Goodbye, Dragon Inn, se trata del cierre de un cine y de su última sesión, en la que se emite DragonInn, de King Hu. Ming-liang, con encuadres conclusivos y estilo decantado, privilegia la mancha sonora en un espacio que así se abre poco a poco al sentido, al humor y a la melancolía (extraño abrazo entre Tati y Antonioni).

El pack también contiene otras tres fabulosas propuestas: Afterlife, posiblemente el mejor filme de Kore-eda (Hana), homenaje callado al cine como especial purgatorio de almas; Lovewilltearusapart, de Yu Lik-Wai, director de fotografía de Jia Zhang-ke, al que recuerda bastante en esta historia de inmigrantes chinos desencantados y prestos a engrosar las filas del lumpen urbano de Hong Kong; y, por último, hueco para The taste of tea, retrato familiar en el que Katsuhito Ishii da rienda suelta a su estilo realista-mágico.

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