No debieron hacerlo

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Ni Pierce Brosnan debió permitir que sus soldados yanquis quemaran la casa del sudista Liam Neeson, con su mujer y sus dos hijos dentro. Ni Liam Neeson debió empeñarse en perseguir a Pierce Brosnan -más ducho en supervivencia que Karmele tras su paso por la isla de Tele 5- a través de las montañas nevadas, densos bosques y desiertos de los Estados Unidos. Ni David von Anken debió dejar su universo televisivo -en el que ha dirigido con éxito episodios de series con títulos tan sugestivos como Californication, además de CSI. NY o Johnny Zero- para pasarse al cine. Brosnan jadea, corre, suda, se ahoga, se hiela, es tiroteado y ha de sacarse los perdigones mordiendo un palo, se tiene que meter en la barriga de un caballo, se calcina y muere de sed. Neeson ha de hacer lo mismo corriendo tras él, además de pagar a unos matones excesivamente proclives a morirse, fracasar o desertar. Y Von Anken alumbra una película que intenta reanimar el western sin lograrlo, entretiene a medias y sólo se apoya en los hermosísimos paisajes muy bien fotografiados por John Toll, maestro que tampoco debió abandonar la espléndida línea que llevaba junto a Gibson (Braveheart), Coppola (The Rainmaker) o Malick (La delgada línea roja) para meterse en cositas como esta película. Tampoco la grandísima Angélica Huston debió abandonar su semi retiro para hacer un pequeño papel felliniano-surreal que apuntilla la película cuando va camino de las tablas de su final.

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