La familia y los amigos en sus primeras obras

  • 'Abierto toda la noche' y 'Cuatro amigos' son novelas llenas de humor y romanticismo

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El amor, el romanticismo y el humor ya estuvieron muy presentes en las anteriores novelas de David Trueba, un escritor que, quizá condicionado por su experiencia en el cien como guionista (Two much o La niña de tus ojos, por poner dos ejemplos) y director (La buena vida, Obra maestra, Soldados de Salamina, Bienvenido a casa y La silla de Fernando), solía dotar a sus novelas de un aire muy visual. En la primera de ellas, Abierto toda la noche los personajes parecen sacados de una exitosa serie de televisión. Ya entonces Trueba buscó un final valiente e inesperado, seguramente el menos deseado por el lector.

Su segunda novela tuvo como hilo conductor la amistad y ha dado para la historia algunas frases gloriosas. En Cuatro amigos, David Trueba hace un glosario de todo lo bueno y todo lo malo que tiene la camaradería, sobre todo a esa edad fronteriza entre las ganas de diversión y la responsabilidad adulta.

Los cuatro protagonistas deciden despedirse de la juventud más golfa y alocada con un viaje por España en el que se darán cuenta que todo cambia, hasta el sentido de la amistad. En una de las primeras páginas, el padre de uno de los protagonistas recuerda la frase que un borracho de barra de bar le soltó en cierta ocasión como doctrina a seguir: "Yo a mis amigos no les cuento mis penas, que los divierta su puta madre".

En Cuatro amigos también hay personajes necesitados de cariño, inmigrantes explotados y un lenguaje directo. Es, como alguien escribió en una crítica, una orgía de carcajadas. No se la pierdan.

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