Ni indigente, ni alcohólica, ni depresiva

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Sin entrevistas exclusivas, sin concesiones a ningún periodista más allá de la rueda de prensa que tenía previsto dar, ayer compareció ante los medios de comunicación la actriz Terele Pávez. Motivada por la "trascendencia alcanzada a raíz de las últimas informaciones difundidas sobre su persona, modo actual de vida, cariño de su hijo, apoyo familiar y supuestos problemas de salud", tal y como señalaba la nota de prensa enviada por Richy Castellanos -relaciones públicas y amigo de la artista que cedió su espacio, la Sala Gabana, para la cita-, Terele quiso aclarar algunas dudas sobre las recientes imágenes en las que se la veía, en la calle, muy desmejorada y al lado de un mendigo. Unas tomas que, según explicaría Pávez, se hicieron hace dos meses y no reflejaban en absoluto lo que, con posterioridad, se ha transmitido sobre ellas.

Acompañada de su hijo, Carolo, la artista se personó en el lugar de la cita a la una de la tarde despertando una expectación poco frecuente. "Hacía tiempo que no veíamos tantos asistentes a una convocatoria", reconocía a este periódico la responsable de prensa del establecimiento. "Ella, nerviosa y emocionada, ha respondido a las preguntas durante más de una hora". "Estoy aquí para explicar lo inexplicable y para pedir respeto profesional", avanzó Terele para, de seguida, aclarar que ni es una indigente, ni es alcohólica -"No tengo problemas con el alcohol. Yo bebo o no bebo", comentaba-, ni su experiencia fue otra que salir y, a gusto bajo el sol, quedarse dormida junto a su amigo "Manolito". Atento a su testimonio, Carolo apuntaba: "Mi madre lleva nueve días pasándolo muy mal y ha sido la prensa la culpable".

Pero, ¿quién es esta mujer que tanto ha sensibilizado la opinión popular? Nada más y nada menos que una de las grandes de la escena española. Nacida el 29 de julio de 1939, María Teresa Ruiz Penella, hermana de la recientemente fallecida Enma Penella y Elisa Montes, cumplió los doce años mientras rodaba su primera película. Se trataba de Novio a la vista, de Luis García Berlanga y, a partir de ahí, su destino fue inevitable. Importantes papeles en teatro, como La Celestina o La casa de las chivas; en cine, como Los santos inocentes, El día de la bestia o La comunidad; o en televisión, donde ha intervenido en Cañas y barro, La barraca o, más recientemente, Cuéntame. Un amplio currículum entre en el que no faltan tres nominaciones a los Goya, dos Fotogramas de Plata y tres premios de la Unión de actores -el último, hace tres años-, méritos que no han sido suficientes para evitar ciertos parones laborales que, en principio, se apuntaban como causantes de la triste situación reflejada a través de programas televisivos.

"Al borde del precipicio conoces otras manifestaciones del ser humano que, de este lado, no hubieras percibido", declaraba Pávez hace más de una década cuando ya se hablaba de su "aura de marginalidad". "Sé lo que he hecho, mi parte de culpa", confesaba entonces esta mujer cuya vida privada ha mantenido siempre al margen de la mirada pública. Una actitud que, según ha aclarado, no tiene intención de cambiar.

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