La liliputiense que conquistó el mundo

  • Antonio Orlando retrata en 'Chiquita', Premio Alfaguara de Novela 2008, a una mujer inclasificable

El escritor cubano Antonio Orlando Rodríguez (Cuba, 1956) rellena con su imaginación la vida de la liliputiense cubana Espiridiona Cenda, bailarina y cantante de los teatros de variedades de principios del siglo XX, en Chiquita (Alfaguara), una "biografía imaginaria" que le valió el Premio Alfaguara de Novela 2008. "Igual que Chiquita consiguió ser autónoma e independiente midiendo 26 pulgadas, yo pude gozar de estos derechos cuando me fui de Cuba", ha confesado el autor.

"Conocí al personaje cuando una amiga me mandó, como curiosidad, una foto de Chiquita por correo electrónico. Me llamó tanto la atención la imagen de esta mujer que empecé a investigar quién fue y quedé flechado. Fue un amor a primera vista. En ella había una historia que estaba reclamando ser contada", explica Orlando.

A partir de esa foto empezó un proceso de creación que duró cinco años y que ha dado lugar a esta "biografía imaginaria". "He rellenado cosas que realmente ocurrieron con mi imaginación y apoyándolo con las circunstancias históricas de cada momento de la vida de Chiquita", aclara.

El escritor cubano reconoce que mezcla fantasía y realidad porque le divierte. "Me divierto pensando que el lector se va a confundir entre qué es verdad y qué es ficción. Sólo se pueden escribir 500 páginas si uno se divierte", apunta.

En ese sentido confiesa que aunque los acontecimientos básicos de la vida de Chiquita son reales sería "aventurado" decir que es la Chiquita real. "La he convertido en un personaje literario dándole un carácter, una psicología y una personalidad que he deducido de lo que se conoce de su trayectoria".

Orlando narra en su libro que la liliputiense no lo tuvo fácil. Medía 26 pulgadas y era mujer en la Cuba de principios del siglo XX. "Conquistó el mundo y consiguió ser autónoma cuando se dio cuenta que era corta de estatura pero no de ideas". "Sensual, voluntariosa y libre" son las tres palabras con las que la describe el autor.

La historia de una cubana, contada por otro cubano pero premiada por un jurado entre el que ningún miembro comparte esta nacionalidad. "Mi historia es para un público de diversas nacionalidades. De hecho, aunque me gustaría mucho, los cubanos de Cuba no me van a leer porque mi libro no se va a publicar en la isla", reconoce.

Orlando, defensor de que "para transmitir mensajes están los mensajeros" no persigue otro objetivo que "seducir al lector, atraparlo, entretenerlo, arrastrarlo a una historia y volverlo cómplice se estos personajes". Para ello, renunció a ser el "narrador autoritario" de Chiquita. "Me pareció más interesante que hubiera distintas voces y que el lector pudiera tomar de aquí y allá para formar su propia historia y dibujar su propia Chiquita", explica.

En Chiquita tiene cabida el humor, que Orlando adoptó de la literatura infantil, donde encontró un refugio durante sus primeros diez años de escritor. "La literatura para adultos a veces peca de muy seria, pretenciosa y solemne. De los libros de niños aprendí a escribir una historia con desenfado y desparpajo", comenta.

El ganador del Premio Alfaguara de Novela 2008 dejó Cuba hace 17 años. "Sabía que el mundo no era lo que me contaba el régimen y que valía la pena conocerlo. Como Chiquita, tuve el derecho de ejercer mi independencia y crecer libremente, derechos que de haberme quedado en mi país nunca hubiera tenido", explica.

En cuanto a las nuevas medidas que ha implantado Raúl Castro en Cuba dice que son "mínimas concesiones". "Dar categoría de cambio social a que una persona pueda comprar un móvil u hospedarse en un hotel es muy superficial. Cambio es lo que diferencia a un régimen dictatorial de una sociedad democrática. Hablemos de cambio cuando haya pluripartidismo, libertad de opinión y cuando se materialice el derecho de entrar y salir libremente de tu país", comenta el escritor.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios