La muerte de Lady Di y Dodi fue "una negligencia"

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La "Teoría de la Conspiración" expiró ayer definitivamente. Al menos, en el ámbito judicial. El jurado británico encargado del proceso sobre el caso de la princesa Diana dictaminó, de forma concluyente, que la ex esposa del príncipe Carlos y su amigo Dodi Al Fayed murieron por la conducción "extremadamente negligente" del chófer Henri Paul y los fotógrafos paparazzi, que perseguían el coche en el que se estrellaron en París en la madrugada del día 31 de agosto de 1997.

Casi seis meses después de baremar los testimonios de más de 250 personas de todo el mundo, los jueces alcanzaron su decisión por mayoría tras cuatro días de deliberaciones.

De esta forma, se entierran las demandas conspirativas impulsadas por el padre del novio, el empresario egipcio Mohamed Al Fayed, de que Diana y Dodi murieron por orden del Duque de Edimburgo, el esposo de la reina Isabel II, y que la acción habría sido ejecutada por los servicios secretos británicos.

Los once miembros del jurado popular se han decantado por el "homicidio involuntario" de entre las cinco opciones que les ofreció el juez lord Scott Baker, entre las que también figuraban la de atribuir el suceso a un accidente, dividir la responsabilidad entre la imprudencia al volante del chófer o de los reporteros gráficos u optar por causas abiertas.

El veredicto también recoge que la cantidad de alcohol que ingirió el conductor triplicaba la tasa permitida, un resultado que ya quedó demostrado en análisis posteriores. Además, en dicha resolución, se da constancia de un recibo del bar del hotel en el que se especificaban las bebidas consumidas. Incluso, ha trascendido que Diana de Gales y Dodi no llevaban puestos los cinturones de seguridad y, tal circunstancia, no contribuyó al desenlace mortal.

No obstante, el propio responsable de la investigación había dejado claro en su resumen de los hechos que en el episodio no había "la más mínima evidencia" de implicación de los servicios de inteligencia británicos a instancias del Duque de Edimburgo, a quien exoneró de esta forma de las acusaciones vertidas por el propietario de Harrod's.

Poco después de conocerse el veredicto, Mohamed Al Fayed emitió un comunicado en el que muestra "su decepción", y en el que insiste en que la reina Isabel y su esposo, el príncipe Felipe, debieron ser llamados a testificar. "Nadie debería estar por encima de la ley", afirmó tajantemente en su declaración.

Fayed sigue creyendo que la muerte de Diana fue ordenada, ya que la familia real británica no quería que la madre del futuro rey de Gran Bretaña tuviese un hijo de ascendencia árabe. De ahí, se deduce la alegación del empresario, que reitera que el cadáver de Diana Spencer fue embalsamado para cubrir la evidencia de que estaba embarazada. Pero el juez Scott Baker afirmó que las acusaciones de Fayed "carecían de fundamento".

Pero la leyenda de la llamada "princesa de los pobres" perdurará mientras su recuerdo siga vigente. Y eso es algo que, algo más de diez años después, sigue despertando la memoria colectiva como aquel final que nunca mereció la pena conocer.

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