"Los niños no deberían trabajar, ni como artistas"

Juguemos a algo. Ustedes, sólo síganme. Veo, veo. ¿Qué ves?. Veo a una niña que se hizo mujer sobre los escenarios y que, como Marisol, Joselito o Rocío Dúrcal, se convirtió en símbolo de la infancia de una generación de españoles. Puede que el universo de los pequeños sea su mayor adicción, ya que a los 56 años sigue vinculada a ellos a través de los Premios Veo Veo y la Fundación Teresa Rabal. Tal vez esta entrevista les sirva de medicina para volver a sentirse un poco más niños.

-Cuando era pequeña, en su casa todos jugaban a grabar películas en Súper 8 con los guiones de su padre. ¿Influyó mucho la figura de Paco Rabal en su vocación de actriz?

-Por supuesto. Era lógico que me dedicase a la interpretación, ya que la vocación de mis padres influyó en mí de manera natural. En los veranos de mi infancia, estábamos deseando que volviera mi padre de los rodajes para hacer nuestras películas caseras. Era muy divertido, él hacía el guión y la dirección, mi madre era la ayudante y la atrezista, mi hermano y yo éramos protagonistas -cada vez uno, para que no hubiese problemas-.

-Ya por aquel entonces, apuntaba maneras, porque a los nueve añitos debutó en el cine, nada menos que de la mano de Buñuel, en Viridiana. ¿Cómo recuerda la experiencia?

-Luis Buñuel era para nosotros el tío Luis y su hijo Juan Luis era quien me dirigía. Recuerdo que Buñuel quería que saltase a la comba haciendo cosas difíciles con los pies, y no me salía, así que me dobló la hija del guardés de la finca de La Moraleja donde se rodó. A mí me dio rabia, y cuando me dijeron que tenía que subirme a un árbol, enseguida pensé: "Como reconozca que no he trepado a uno en la vida, vuelven a llamar a la otra niña", así que cuando gritó "¡Acción!" me subí a la sin pensarlo. Recuerdo la cara de mi padre y de Luis riéndose y diciendo "Esta niña llegará lejos".

-A lo largo de su vida ha tenido la oportunidad de conocer a grandes figuras como Picasso, Dalí, Rafael Alberti, Brigitte Bardot y Sofía Loren. ¿Alguno le marcó especialmente?

-Conocerlos me ha hecho más grande como ser humano. A mi casa venia toda clase de gente: escritores, pintores, actores, directores y mendigos. Mi padre tenia costumbre de levantarnos de la cama si estábamos dormidos, para que compartiéramos sus conversaciones, que eran enriquecedoras.

-Los que fuimos niños en los ochenta la recordaremos siempre por sus giras circenses. ¿Se aventuraría de nuevo en un proyecto como aquel?

-No. El circo me permitió criar a mis hijos conmigo, ya que en el teatro o el cine no hubiese podido hacerlo. Conocí a personas trabajadoras y fantásticas, pero no es mi mundo. Fueron diez años durísimos, pero me sirvieron para quitarme posibles tonterías de artista. Aprendía a encender un grupo electrógeno y a ser responsable de casi un centenar de personas que vivían en el mismo circo. Son fases de la vida que te llenan.

-Ya tiene cerradas varias fechas en Andalucía para los casting de Veo Veo. Con la experiencia que tiene en este festival, ¿diría usted que la nuestra es una tierra de artistas?

-Aquí salen de debajo de las piedras. El peor de los niños de Andalucía sería primer premio en cualquier otra comunidad, pero es normal, porque empiezan a cantar y tocar las palmas desde el vientre de su madre.

-Algunos niños prodigio han denunciado que aquella infancia bajo los focos les ha pasado factura. ¿Qué consejo les daría a los padres de "pequeños virtuosos" para que no caigan en esta trampa?

-Me paso el día dando esos consejos. Estoy totalmente en contra de que los niños trabajen, y el mundo artístico es igual que cualquier otro empleo, con el agravante de que deforma el carácter. Este es un mundo de adulaciones, donde te hacen creer que eres mejor que los demás. No puedes creértelo, y para que esto no ocurra, es necesario estar formado como persona. Los niños deben prepararse y estudiar, para que mañana sean ellos quienes decidan que quieren hacer.

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