Literatura

El oficio de sobrevivir

  • La tercera entrega de Pablo García Casado se presenta como una colección de poemas en prosa que retrata los modos de la desolación contemporánea

Con sólo tres libros publicados a lo largo de una década, Pablo García Casado es un poeta de obra demorada pero sólida y reconocida trayectoria que se convirtió en una de las voces más personales de su generación, a la vez que en referente para las nuevas promociones, casi desde el momento mismo en que apareció su poemario Las afueras (1997), con el que alcanzó una resonancia desacostumbrada y cuya lectura -el libro va ya por su tercera edición- sigue cautivando e interesando a un amplio número de lectores. El mapa de América (2001) confirmó las expectativas despertadas por su estreno y acabó de fijar las coordenadas de una poética de corte realista y confeso arraigo en la tradición norteamericana, que fía su efecto a la desnudez, descree de la belleza convencional ("Hay vida más allá del nenúfar", le decía a Jon Kortazar en una entrevista que presentó como declaración de intenciones para una antología colectiva) y persigue atraer al campo de la poesía temas, personajes y situaciones que no gozan de prestigio lírico, retratados desde una perspectiva objetivista y aparentemente distanciada que busca la emoción pura e incontaminada de retórica, alejada de la circunstancia personal y volcada en la edad presente.

Dinero es un paso más en esa dirección, sólo que esta vez, casi como consecuencia natural de su cultivo del prosaísmo, el poeta ha prescindido del verso para darnos una colección de textos a medio camino entre el poema en prosa y el microrrelato, pues la mayoría de ellos son pequeñas narraciones cuyo propósito, que cobra sentido en el marco de la propuesta general del libro, es contarnos una historia. El tema aparece claro desde el propio título, y no es otro que el modo en que el dinero ("Por ti las madrugadas y el estiércol, la mentira en la boca y la amenaza", leemos en Himno) condiciona la vida de la gente, de cualquiera de nosotros, aunque la galería de ejemplos se inclina por las existencias grises, anodinas, hombres y mujeres que parecen ir de fracaso en fracaso hasta la derrota final, conformando algo parecido a un catálogo de la desolación contemporánea. La lucha por la supervivencia de la gente corriente, las renuncias y los desengaños, las humillaciones y las trampas. La rutina aciaga de los días, los sueños que se desvanecen, la necesidad de salir adelante cuando todo se viene abajo como un castillo de naipes. Como los mejores narradores norteamericanos, García Casado rehúye la nota patética y se limita a exponer sin más, con palabras coloquiales pero cuidadosamente escogidas, describiendo -o montando, porque hay algo de documentalista cinematográfico en su procedimiento- las situaciones con unos pocos trazos que sugieren mucho más de lo que dicen, y en ello, en el modo como el autor maneja la elipsis, radica uno de los principales aciertos de un libro que duele e ilumina, en la medida en que aporta luz -véase Colmenas, el poema último- a zonas oscuras o en penumbra, y voz a los que apenas hablan.

"Los polígonos, las áreas comerciales, las oficinas iluminadas. En todas partes el rostro de la angustia, los horarios, y esa puerta que nunca cierra". Algunos dirán, no sin cierta razón, que esto no es poesía, pese a la precisión de la mirada, pese al ritmo impecable de las oraciones, pese a la intensidad máxima lograda con una sorprendente economía de recursos. Pero se trata de un debate estéril, porque no es la forma, por lo demás tan cuidada, y menos aún el género, lo que aquí nos interesa, sino la manera en que aquélla es utilizada por el autor para enhebrar un discurso que denuncia la deshumanización y el poder corruptor del dinero sin caer en el trazo grueso, de forma conmovedora y sutilísima, aunando la compasión y la lucidez en una narración secuenciada -escenas o estampas o ventanas- que va más allá del sermón o el manifiesto para ofrecernos una radiografía moral de la realidad de nuestro tiempo, encarnado por personajes absolutamente familiares que se convierten en cargas de profundidad contra la alienación y el sinsentido de la vida moderna. "No es un ambiguo sentimiento de angustia, es dinero", dice el poema más breve del libro, y en esa definición está sugerida la ansiedad casi metafísica que para muchos conlleva la mera supervivencia. De ello, del oficio de sobrevivir, es de lo que habla, esta vez en prosa, el poeta García Casado.

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