Rojo y negro

"Las palabras son el hilo que nos conduce sin angustia por el laberinto"

  • El autor acaba de publicar 'El jardín dorado' (Lumen), una revisión de la leyenda del Minotauro. "Una metáfora -afirma Martín Garzo- de nuestro propio corazón, lleno de anhelos insatisfechos"

Cada vez que se toca un mito, todo autor lleva a cabo la tarea de contar la historia que, hasta ese momento, estaba encerrada en la historia de siempre. En su última obra, Gustavo Martín Garzo (1948), retoma precisamente el microuniverso del rey Minos, Pasífae y el laberinto de Creta, Ariadna y su hermano toro. Un escenario y unos personajes que actúan como idóneo punto de partida hacia lo fantástico.

-Hay una frase de Salustio que me resulta especialmente apropiada para explicar la naturaleza de los mitos: "Estas cosas no ocurrieron jamás y son siempre".

-En efecto, no podemos dejar atrás ese mundo de los mitos. Podríamos decir que son la única literatura realista, ya que sólo ellos cuentan la verdad de nuestro corazón.

-Dice que esta es una historia detrás de la que lleva varios años, ¿cómo empezó a tirar de ella?

-Es una historia que se repetía una y otra vez en aquellas películas de monstruos que veía de niño. Los vampiros, el hombre lobo, la criatura del lago, King Kong, la mujer pantera, pertenecen a la misma estirpe que el minotauro. Son monstruos que viven en el umbral de lo humano y que, en cierta forma, representan todo lo que de incumplido hay en cada uno de nosotros. Lo que no acertamos a expresar, todo lo no vivido de nuestras propias vidas.

-Y visitó Creta, supongo, con grandes expectativas…

-Fue un viaje muy bonito, un viaje familiar. Yo andaba dando vueltas a esta historia y quería saber cómo eran los lugares por los que habían andado sus protagonistas.

-El campo más agradecido para la literatura, para las historias, son los momentos o personajes frontera, entre mundos. El jardín dorado hace buen uso de esta circunstancia. ¿Era una idea premeditada o fue surgiendo conforme desarrollaba la trama?

-En realidad mi novela es un cuento. La historia de un rey que tiene un hijo extraño, un ser anómalo que nace con el cuerpo de niño y la cabeza de ternero. Y de cómo crea un jardín concebido para su felicidad. Un cuento que habla de la Edad de Oro, que fue ese tiempo mítico en que el hombre vivía en comunicación profunda con la naturaleza. Y habla de la infancia, pues todos los niños, especialmente cuando son amados, viven en lugares así, y dialogan sin problemas con las otras criaturas del mundo.

-Imagino que una civilización como la minoica es perfecta para recrear un agujero negro de imposibles…

-En efecto. Es un mundo rico, lleno de historias hermosas y extrañas, donde todo es posible: seres que se traen objetos de los sueños, niños voladores, muchachas que hacen brotar llamas sobre las cosas. Nuestra vida está llena de prodigios, aunque no siempre nos demos cuenta.

-No deja de ser curioso lo siguiente: por mucho que hablaran de sanguinario monstruo, el minotauro siempre ha despertado una especie de solidaridad, de tierna simpatía…

-Es una metáfora de nuestros propio corazón, siempre lleno de anhelos insatisfechos, de búsquedas que no sabemos cumplir, de llamadas desconocidas. El minotauro somos todos. Es esa parte de nuestra vida que no está regida por la razón.

- El mito del laberinto ha inspirado a numerosos escritores. ¿Hay alguna de estas versiones que le haya resultado especialmente sugerente?

-Borges tienen un cuento muy hermoso sobre el minotauro, y Kafka, toca el tema del laberinto en uno de sus relatos más turbadores, La construcción. Y está el cuento La bella y la bestia, de la que Cocteau hizo una preciosa película. Pero el gran descubridor del minotauro, en nuestro tiempo, es Picasso. Lo pintó sin descanso a lo largo de toda su vida. Para Picasso el minotauro era el cuerpo del deseo.

-La Ariadna de El jardín dorado utilizaba el oído -como hace el que lee- para encontrar lo que buscaba. ¿Adónde nos conduce la tinta azul? ¿Qué hay en el centro del laberinto?

-En el centro no hay nada. El laberinto es la imagen de nuestra vida. No hay salidas, no hay lugar adonde ir. Y sin embargo debemos aprender a conocerla y amarla. Para hacerlo están las palabras. Ellas son ese hilo que nos permite movernos por el laberinto sin angustia.

-"Las palabras del corazón no son palabras. Y esas palabras no dichas son los deseos"... De cuántas grandes historias disfrutamos, imagino, gracias a las palabras no dichas…

-Esas palabras son esenciales. Las palabras de la intimidad, las palabras de la noche. Las palabras que nos relacionan no con lo que sabemos de nosotros mismos, sino con lo desconocido. Pero también, son las palabras portadoras de vida. Las que conservan ese latido inicial.

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