VII ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE MANUEL DEL ÁGUILA

El reencuentro

  • Manolo y sus padres reposan en un mismo lugar, mirando los amaneceres teñidos de rojo de cada mañana y la silueta del Cabo de Gata que el inmortalizó en un poema publicado en 1983

MANUEL del Águila nació oficialmente el día 13 de junio de 1914 en un pueblo de pescadores, El Alquián. Era el quinto hijo de seis hermanos que tuvieron sus padres, Dolores Ortega Ferrer y Manuel del Àguila Martínez. Su madre estudió magisterio y su padre fue el Alcalde deL pueblo, que en aquella época era una pedanía. El matrimonio tenía un comercio que empleaba a mucha gente, una panadería y una tienda de comestibles, que luego continuaron sus hijos y después sus nietos hasta hace unos años.

Hicieron una auténtica labor social en el pueblo: construyeron la Iglesia, documentación que se perdió en un incendio, y compraron la primera imagen de la Virgen del Carmen que fue destruida durante la guerra civil; también construyeron, con ayuda de los vecinos, el cementerio de El Alquián en el año de 1915, según consta en la documentación que hay en los archivos del Ayuntamiento y compraron una barca de pesca, llamada la Piedad, para que un grupo de familias vivieran de ella. Pusieron como patrón de barco a "Pepe el Lobo", un íntimo amigo de la familia y conocedor de la pesca de la jábega y de los lances.

Manolo no había cumplido los seis años cuando en el año 1920 se quedó huérfano de padre y madre y de su abuela materna, en apenas dos meses. Su madre murió el día 22 de febrero y su padre el día 15 de abril según recoge la prensa de la época, La Crónica Meridional y La Independencia. Eran personas muy queridos por todos los vecinos como se menciona en las esquelas.

La pérdida de ese paraíso infantil que recubre y protege el mundo de los niños se vio truncada de un plumazo. Manolo del Águila sufrió en su interior el desgarro de perder a sus seres más queridos que desapareciendo de su entorno. Unos íntimos amigos de sus padres, Dolores Bonilla Vega y Francisco Bracho Cambronero, ante el drama familiar que se había producido, decidieron llevarse a su casa en Almería durante unos días a la más pequeña de la familia, Angelina. Pero esta no paraba de llorar porque quería irse con Carmen, su hermana mayor. Manolo, con ese sexto sentido que siempre le ha caracterizado, debió entender la situación que había en su casa y pensó que estaba mejor en Almería y les dijo a los amigos de sus padres, según comentaban sus hermanos mayores, ¿y porqué no me lleváis a mí que yo no lloro? Y de esta forma tan inocente, Manolo selló su destino.

Se fue adaptando a la nueva situación y al final se quedó con los que serían después sus padres adoptivos. Su vida cambió radicalmente y él se agarró a los pliegues de otra vida que no le pertenecía por herencia familiar, pero que él adoptó con total naturalidad.

Los primeros años de su infancia permanecieron en él como un mundo secreto, no se acordaba de aquella época que vivió con sus padres pero siempre estuvo interesado por ellos. Cuando fue mayor le preguntaba a todas las personas que le habían conocido y sobre todo a Pepe el Lobo, que sobrevivió bastante tiempo a sus padres. Manolo dejó escrito una serie de títulos de capítulos, de lo que iba a ser una novela, en homenaje a sus padres, pero su curiosidad por todo y la gran diversidad de trabajo que desempeñó a lo largo de su vida hizo que finalmente se quedara solo en un proyecto.

Ese mismo año de 1920 ingresó en el Colegio de las Hermanos de las Escuelas Cristianas y en noviembre le concedieron un "Billete de Honor", por su buena conducta y aplicación al estudio.

El matrimonio contrató una chica para que le cuidara, Manuela, la famosa tata de Manolo y a la que él la consideró siempre con su tercera madre. Manolo no rompió los lazos de amistad con su familia y cada fin de semana le llevaban en coche de caballos a su pueblo para pasarlo con sus hermanos y jugar con sus amigos en el amplio pinar rodeado de dunas que antes existían y que desaparecieron totalmente con la construcción del aeropuerto y el empleo de la arena en la agricultura.

Al poco tiempo de estar en Almería le compraron un piano y empezaron las clases de música con Doña Dolores, como le llamaban la familia. También le enseño las primeras lecciones de francés. Manolo empieza a vivir otras sensaciones, otras experiencias en una ambiente confortable y de cariño y los sonidos de un instrumento mayor empezaron a sonarle desde la infancia y ya nunca se separaría del piano, porque si hay una constante en la vida de Manolo, aparte de la literatura, ha sido siempre la música.

…La música es para los que la aman de todo corazón, una expresión de su propia alma, que arropando todos los sentimientos humanos, los eleva sobre la vulgaridad, la rutina y la malicia.

Fue compañero de instituto y amigo, durante toda la vida, de Arturo Medina y de Jesús de Perceval con el que realizó varios cursos de dibujo bajo la dirección del pintor Antonio Bedmar en la Escuela de Artes y Oficios en donde obtuvo una medalla de plata en un concurso de dibujo. Durante los años 1950-51, fue profesor de francés en la escuela, cargo que abandonaría al poco tiempo para montar una academia de francés y, posteriormente, la amplió también al inglés. Y por su casa pasaron más de dos mil alumnos, que se convertían con el tiempo en amigos para siempre. Su afición a viajar, a conocer otros pueblos y otras culturas hizo que se identificara con los idiomas extranjeros. El manejo de otras lenguas le procuró las pautas del estilo que necesitaba:

Colaboró en varios programas informativos y literarios de Radio Nacional de España desde el año 1961 y, posteriormente, fue nombrado corresponsal, cargo que desempeñó durante más de 20 años. Sus crónicas las hacía por teléfono desde su casa, terminando con en esa famosa frase que todos conocemos, "desde Almería informó Manuel del Águila". Buscaba palabras en una época donde había pocas.

Su libro "Seis chiquillos en la orilla" publicado en 1988, con dibujos de su amiga Carmen Pinteño, que mereció elogiosas críticas en la prensa local y nacional, se desarrolló en El Alquián, con los personajes literarios de esa tierra. Comentaba su amigo Kayros sobre la obra:

…es un trasunto fiel del espacio vital donde ha transcurrido toda su vida. Allí ha nacido su música, su poesía y su novela. …el Alquián de los años treinta, con sus borriquillos plateros, sus guardias de puesto y sus niños inocentes. …Es difícil ocultar el parentesco de esta elegía marinera con aquella otra andaluza de valores universales que se llama "Platero y yo"…

Manuel del Águila no se puede entender sin su canción "si vas pa la mar" y sin su poesía "el trapero", porque la música y la poesía han cabalgado juntas en su obra que ha ido sacando a la luz, con su voz más íntima y aguda sensibilidad, los poemas ordenados a su manera, sobre la vida y el pensamiento, sobre el amor y la amistad, definiendo un estilo propio de gran riqueza lingüística. Y sobre su creación musical decía, está en la garganta del pueblo que la canta.

Manolo sintió y presintió su final y dijo adiós desde el umbral, sin apenas parpadear, sin encoger el alma, inmune al temporal y al oleaje. En sus últimos días recorrimos juntos la geografía del recuerdo: el amor a la infancia recuperada, el recuerdo de sus padres, los adoptivos y los biológicos que no conoció, también el de sus compañeros de viajes por todo el mundo y, como no, el de sus amigos de esta tierra a que tanto amó. Una tierra, decía, de cielos despejados y un mar en calma que imprime un carácter especial a las gentes que viven aquí.

Manolo terminó sus días escribiendo poesía, como una necesidad vital. Para mí fue la última puerta a la memoria familiar. Y a las 7.30 del día 8 de noviembre, en una mañana luminosa y frente a un mar que pronto tomó el color azul intenso de un cielo despejado Manuel del Águila nos dijo adiós definitivamente. Como comentaba un amigo suyo, Manolo se marchó "pa" la mar, ligero de equipaje, conversando casi hasta la hora límite de su despedida, como siempre había vivido.

El pasado mes mayo fueron inhumados del cementerio de El Alquián los restos mortales de sus padres debido al estado de ruina en el que se encontraban los nichos y, por acuerdo de la familia, se decidió que dichos restos fueran enterrados junto a su hijo al que habían dejado con unos pocos años. Después de casi un siglo, Manolo del Águila se ha reencontrado con sus padres a los que tanto recordaba a pesar del cariño con el que fue criado.

Manolo y sus padres reposan en un mismo lugar, mirando los amaneceres teñidos de rojo de cada mañana y la silueta del Cabo de Gata que el inmortalizó en un precioso poema publicado en el año 1983, Ayer y Hoy, en homenaje a su tierra, el pequeño pueblo donde sus padres vivieron ayudando a sus gentes en la lucha diaria de la vida.

Te conocí Alquián, cuando tan solo eras

un reducido grupo de casas blanqueadas

con los dinteles rojos, azules y amarillos;

marcos multicolores de puertas y ventanas,

de un Nazaret pequeño que contemplaba un mar

de azules transparencias y la silueta oscura

de los barcos viajeros ciñendo el blanco faro

de Cabo de Gata.

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