"Mi talento está por debajo de las posibilidades de mi imaginación"

  • El Premio Nacional de Poesía del 2009 con 'La Casa Roja' participa hoy a las 20:00 horas en un acto en el Museo de Almería donde hablará de su obra inédita

El Centro Andaluz de las Letras (CAL), dependiente de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, celebra hoy, a las 20:00 horas, un nuevo encuentro literario, que contará como protagonista con el autor Juan Carlos Mestre.

- Regresa a Almería para hablar de su obra inédita. ¿Qué puede adelantar de su nueva obra poética?

- La poesía siempre desobedece la costumbre, todo poema futuro, de existir, lo hace en el territorio indeterminado del azar, ajeno a los protectorados de la razón y las coartadas negligentes de la preceptiva. No concibo la poesía, aunque respeto obviamente la particularidad intransferible de cada una de sus diferentes prácticas, como un ejercicio vinculado a los proyectos de la literatura. Me siento más próximo y acompañado por aquellos que la entienden como una u otra manera de estar en el mundo, en la repoblación espiritual de una sociedad diezmada por la usura mercantil del capitalismo avanzado, ese eufemismo tras el que tan reiteradamente se oculta la realidad del autoritarismo y la negación de los derechos civiles de las palabras constructoras del pensamiento del porvenir.

- Después de haber recibido el premio Nacional de Poesía. ¿Ha cambiado algo en su vida?

- Esos accidentes de la sociología literaria no pueden cambiar la vida a nadie que realmente sepa que es la vida y el lugar que ocupa en ella la poesía. En absoluto, un poeta tiene tanto que ver con los premios como un pájaro con los ornitólogos, nada en esencia, nada fuera del anillamiento y las jaulas melancólicas de lo prescindible. Un premio puede cambiar la valoración de un caballo de carreras, de algo que establece algún tipo de jerarquía en los juegos de competencia. No los poetas, tribu aparte, o al menos así debería ser, ajenos a lo que negaría la esencia misma de su identidad, la de no ser más que nadie, la de reconocerse como un igual ante el mendigo de las palabra, único príncipe de la intemperie, único cómplice entre la calumnia de los silenciados.

- Es consciente de que en este país hay pocos poetas que además sean artistas de gran nivel como es su caso. ¿Cuando se dio cuenta de que podía simultanear ambas cosas?

- Me siento identificado con aquellos que han renunciado a ejercer todo tipo de autoridad artística sobre los demás. En mi caso ha sido fácil, sencillamente porque no la tengo. Hago, escribo, pinto lo que puedo, no lo que querría, mi talento está por debajo de las posibilidades de mi imaginación, eso es todo. Nunca he sido consciente de separar la práctica artística de un genero a otro, escribir, dibujar, hacer grabado, son expresiones únicas de una misma respiración intelectual, ajenas a la voluntad clasificatoria en que tanto se empeñan los policías de tráfico de las estéticas, los guardias de fronteras y los afiladores de guillotinas.

- Sus recitales poéticos se convierten la mayor parte de las veces en grandes espectáculos. ¿La música también forma de su vida?

- Leo mis versos, nada más. Intento no aburrir ni contribuir con ello a la melancolía de los significados a la que a veces parece haber conducido la crisis de las utopías y la creencia en las palabras como formas abstractas de intermediación con lo sagrado, sea lo sagrado lo que para cada uno de nosotros sea, en cada momento de necesidad, de angustia o de gozo, su presencia intangible.

- Sin duda, Mestre es un poeta polifacético. ¿En su poesía hay mucho de sus propias vivencias?

- Todo es vivencia, desde qué otro lugar podría hacer alguien algo que no fuese desde la vivencia; ahora bien, tanta vivencia hay en un sueño como en una puntual experiencia durante la vigilia de lo cotidiano, la misma que entre la intensidad de lo deseado y el hallazgo de lo intuido. La imaginación es una forma extrema de vivencia, y siempre nos llevará más lejos que la resignación ante la aparente verdad de lo objetivo, más bien escorias de lo fugitivo ante los espejismos de la duración. Nunca he escrito ni hecho nada en mi vida que no responda al acto mismo de la vivencia, a veces previa, a veces en su mismo instante de realización, a veces en el futuro simbólico de los significados que aún no ha llegado el tiempo en que puedan ser comprendidos.

- Usted es un gran grabador. ¿Qué ha encontrado en el grabado como manifestación plástica?

- Le agradezco la exageración como se agradece toda generosidad que provine de lo amistoso, pero la excelencia es un ámbito ilusorio donde la mayoría de las veces solo residen los fantasmas del autoenorgullecimiento, esa primera iglesia de la vanidad incompatible con el pensamiento crítico y la dialéctica de lo paradójico, la duda sistemática, la heterodoxia y el eclecticismo permanente en fuga hacia lo que desaparecido es la huella de un alguien diferente de mi en busca de rostro. Me atrae del grabado su carácter de imagen imprevisible sometida a todas las fluctuaciones del azar, la corrosión de los metales por el acido impuro de la desobediencia, la autonomía democrática de su multiplicación, su intromisión en el reparto que desmorona el privilegio del fetiche único.

- Algunas de sus obras se pueden ver en Almería en la galería Acanto. Esta siempre ha sido una tierra muy querida.

- Emilio y Miguel, de la Galería Acanto son dos personas literalmente irrepetibles en el cuidado y delicadeza con que se han relacionado desde hace muchos años con mi trabajo, seres impecables que comparten con los artistas sus proyectos imaginarios, y que están siempre muchísimo más allá de lo que es habitual esperar de un galerista, es decir, la conciencia de lo correcto en que se hace compatible el azar y la necesidad. En Almería tengo buenos amigos, magníficos poetas, gente con la prosa situada hacia el desafío de los diálogos críticos, las magníficas y mágicas publicaciones de los gavieros, bueno, esa honradez que tan escasa como lugar de partida es aquí para tantos creadores la certeza del mejor lugar de llegada.

- De dónde saca el tiempo para poder llevar todo hacia adelante. Si tuviera que deshacerse de alguna de las actividades que realiza, cual dejaría atrás.

- El tiempo lo saco de lo relojes de arena... de las cajitas de música de la fugacidad, de las palabras que detienen el calendario de los tienen prisa y siguen creyendo que el sistema métrico decimal es un ídolo de platino que puede gobernar impunemente las cabezas giratorias del encantamiento. Prescindir, pues yo creo que no prescindiría de nada, todo lo contrario, me gustaría sacar a bailar a esas hermanas gemelas de la poesía, la lógica matemática y la física cuántica... en fin, restar proyecto a la carencia no sería el mejor modo de elegir el agua hueca de la nada.

- ¿La Casa Roja es para usted su mejor poemario?

- Los términos de lo mejor pueden aplicarse a los tenistas y los boxeadores y los que meten goles, pero en las porterías de lo inútil la poesía cumple afortunadamente otra función no relacionada con la cualidad, sino con la posibilidad dialéctica de interrelacionarse con otras voces, en un dialogo coral, múltiple en sus deudas y permanentemente puesto en crisis por el grado de resistencia que representa frente a lo que llamamos saber.

- ¿Cuando decide ser poeta?

- Eso no se decide, la poesía ha sido mi única posibilidad, acaso prescindible, pero no he tenido otra desde que tengo conciencia de lenguaje y por tanto conciencia de realidad.

- Aunque hay una crisis generalizada, la poesía en qué situación vive.

- Vive y resiste, tal vez dando testimonio desde su lugar ético como teoría no humillante de la historia, acaso restableciendo los lenguajes de la delicadeza humana como otra forma de conducta ante los actos de fuerza, o sencillamente añadiendo otra gota de agua al mar de la memoria para que la remota aspiración de la felicidad sea algún día un destino menos incierto para la humanidad. La poesía no está en crisis, está en crisis el pensamiento que aspirando a abolir las causas del sufrimiento humano lo multiplica.

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