Editorial

Crisis profunda

NO hay un día en que no aparezcan nuevos datos que nos informen del deterioro de la situación económica : elevada inflación, caída de todos los indicadores del mercado inmobiliario , disminución de los beneficios empresariales, quiebras de empresas, drástica disminución de las ventas de automóviles, reducción del comercio minorista, aumento del paro, reducción de los afiliados a la Seguridad Social... Lo más relevante es que los últimos datos macroeconómicos ponen de manifiesto que, en contra de las previsiones, la crisis puede ser más grave en España que en otros países europeos, lo que conduciría a romper la convergencia con Europa. Los indicadores adelantados del segundo trimestre y las tendencias señalan que la crisis se va generalizando y podríamos tener tasas negativas de crecimiento en los próximos trimestres. Ello es consecuencia de la mayor dependencia de la construcción de la economía española y su más brusca desaceleración, de la dependencia financiera de la economía española del exterior para financiar nuestro consumo e inversiones y de las limitaciones competitivas de la economía española. Las responsabilidades políticas están repartidas entre los gobiernos de España, los regionales y los locales, que han alentado o permitido un patrón de crecimiento con escaso ahorro y exceso de construcción, mientras que se han ocupado insuficientemente de cualificar los factores productivos determinantes de la competitividad. En la actualidad poco pueden hacer las autoridades. El BCE no puede bajar el tipo de interés de referencia mientras que se mantenga tan elevada la inflación, y las políticas de demanda de los gobiernos tienen efectos muy limitados. La duración y gravedad de la crisis vendrán determinadas por el tiempo de ajuste de los mercados a la nueva situación (particularmente el ajuste del mercado inmobiliario), por la diversificación e internacionalización de nuestras actividades productivas, por la cualificación de los factores de producción y por el mejor funcionamiento de algunos mercados (energía, mercado de trabajo...) que pueden agilizar el proceso de ajuste.

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