Postdata

Rafael Padilla

El Estado clave

APensilvania, en Estados Unidos, se le conoce como el Estado clave o el Estado de la Piedra Angular ("Keystone State"), en alusión a la piedra, en forma de cuña, que en un arco mantiene a todas las otras en su lugar. El sobrenombre está justificado: fue en Filadelfia, una de sus principales ciudades, donde se elaboraron la Declaración de Independencia y la Constitución, textos esenciales para entender el espíritu que sostiene unida a la nación.

Por vaivenes del azar electoral, Pensilvania vuelve a reivindicar ahora su condición de "estado clave", ya que en él, el próximo martes, se van a dilucidar buena parte de las opciones de los aspirantes a la nominación demócrata. Hillary Clinton y Barack Obama se jugarán allí no sólo un cierto número de delegados, sino, sobre todo, el alcanzar la aureola de ganador moral, esa sensación común que puede ser decisiva para determinar la voluntad de los superdelegados. Éstos (796, un 20% del total), miembros de la dirección y de la aristocracia del partido que gozan de libertad de voto, podrían inclinar finalmente, en la convención, la balanza a favor de uno u otro.

Precisamente por lo crucial del envite, resulta incomprensible el error cometido por Obama -no es el primero de un aspirante al que maliciosamente empiezan a llamar (B)obama- al referirse a la idiosincrasia de sus inmediatos electores: "Cuando vas a una de estas pequeñas ciudades en Pensilvania, como en muchas del Medio Oeste, los puestos de trabajo han desaparecido estos 25 años y nada los ha sustituido (…) Por tanto no es sorprendente que la gente se vuelva amargada, se aferre a las armas, a la religión o a la antipatía hacia aquellos que no son como ellos". No se puede ofender a más con menos palabras. La reacción de Hillary, imagino que reanimada por la torpeza de Obama, ha sido rápida y certera: "el pueblo no necesita un presidente que lo mire por encima del hombro". ¿Oportunista? Claro. Pero también mucho más experimentada en lo que un líder, aunque lo piense, no debe decir nunca. Sus reproches de mayor calado ("elitista" y "hombre que está fuera de la realidad") parecen directamente expuestos a la consideración de los superdelegados.

El ya candidato republicano debe estar encantado de la bronca demócrata, en la que no tardarán en participar -y si no, al tiempo- Carter y Gore, el séptimo de caballería del ejercito de Obama. A esta fecha, según las encuestas, ninguno de los dos precandidatos demócratas aventaja a McCain en unas hipotéticas presidenciales y eso, tras la era Bush, es un verdadero milagro.

Habrá que esperar al martes. Pero si Hillary resucita en Pensilvania y Obama no aprende a callar, puede que al honesto y veterano John McCain terminen poniéndoselo en bandeja.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios