Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

La historia de Paloma III

ÉRASE una vez un matrimonio feliz al que la vida quiso premiar, después de doce años anhelando ese momento, con una hermosa hija. Sus papás, Enrique Ponce -que asistió al alumbramiento y hasta cortó el cordón umbilical- y Paloma Cuevas, vieron cómo llegaba al mundo su niña el último fin de semana del mes de abril, pesando tres kilos y con cincuenta centímetros de altura. Un perfecto bebé con rasgos de sus dos progenitores y que, entre los suyos, fue bautizado como Paloma III…".

Y es que, para Victoriano Valencia, el orgulloso abuelo, con ésta son ya tres "Palomas" las que inundan de paz la que se me dibuja como una familia verdaderamente idílica. Sólo la cesárea a la que ha sido sometida la recién estrenada mamá, y las consecuencias sobre la parturienta de la epidural, han venido a intranquilizar a su entorno pues, hasta ayer mismo, Paloma se lamentaba de no poderse mover al tener las piernas como dormidas.

Sin embargo, después de dar sus primeros por su habitación del Hospital Virgen del Rosario de Madrid -donde, según me cuenta Victoriano, los ramos de flores llegan hasta el pasillo-, todos parecen haber respirado más tranquilos. "Estará tres días más -cinco en total- y, luego, para casa", me explica el apoderado de su yerno. "Enrique está como loco. Ha cambiado ya pañales e incluso ha dado biberones. Le ha cogido muy bien el aire a la pequeña". Así, para celebrarlo también por fuera, el diestro acudió a la clínica el domingo con un conjunto todo en blanco que, quien lo vio, asegura que le hacía parecer un ángel.

Medio en broma, medio en serio, el ganadero me advierte que hay un extenso listado de amigos cercanos quienes, pensando en tiempos futuros, han pedido para sus propios descendientes la mano de la recién nacida. "Cuando vea las cuentas corrientes, hablaremos", concluye evidenciando el relajado ambiente que disfrutan todos después de esta buena nueva que, como en los relatos infantiles, vuelve a despedirse con un clásico "Colorín, colorado, este cuento apenas ha comenzado…".

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