INICIATIVA SOCIAL

Los apuntes de la experiencia

  • El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio recopila testimonios de la vida cotidiana de españoles mayores de 55 años. El objetivo es que los capítulos más recientes del siglo XX sean narrados por sus protagonistas

El Canal 7, una de las cadenas de televisión principales de Nueva York, hizo famoso a Enrique Panadero en 1963. Este sevillano, que emigró a Parla (Madrid), se convirtió en el rostro solidario de los más de 300 españoles que viajaron en un Jumbo fletado por la Hermandad de Donantes de Sangre a Estados Unidos para participar en una donación multitudinaria. El viaje le costó 40.000 pesetas que dieron también para visitar Washington, pero lo que recuerda con más intensidad el protagonista de las noticias fue el gran festín que le sirvieron tras la extracción de sangre: “Sándwiches y dulces de todos los tipos”, rememora lamentando que el salchichón y el chorizo hayan sustituido al jamón del tradicional bocadillo y la cerveza que daban antes en España.

Policarpio Domínguez no hubiera dudado en cambiar un emparedado de ésos por los boniatos y los arenques que comían los días de fiesta en su Huelva natal. Con 9 años ya segaba con su padre, que ganaba 12 pesetas de jornal y su madre se la jugaba en la Raya de Portugal, como conocían en Huelva a la frontera, para conseguir algo de comer, de estraperlo. “Un saco de trigo le costó 18 días presa”, comenta.

El año de la seca o del hambre, como también recuerdan muchos andaluces a 1945, daría para escribir varias enciclopedias de testimonios ciudadanos que hablan de miseria y necesidad, pero también de amor, de maestros, procesiones y Nochebuena de almirez y pandereta. Algunos de ellos, más de 1.300 hasta la fecha, están recogidos en un almacén virtual que el Gobierno ha denominado Archivo de la Experiencia. La iniciativa pretende crear un fondo documental sobre la historia de la España del siglo XX, contada por su propios protagonistas, todos mayores de 55 años.

Algunos de estos episodios ya fueron narrados por la sevillana Josefa Martínez en las 365 cartas que se intercambió con su novio en los dos años que éste estuvo trabajando en Alemania y Francia. La versión del cibernovio de los años 60. Timo se enamoró al verla en la foto que le había mandado a su hermano con un abrigo arreglado que se había encontrado en la basura.

Todo está inventado, menos el divorcio. A Josefa no le ha hecho falta 44 años después y Pilar Amat, malagueña, jamás pensó en ello cuando cayó rendida, a primera vista, ante los ojos azules de quien hoy es su marido. Lo conoció en una discoteca de Barcelona, hasta donde la falta de trabajo en Andalucía los empujó. La hermana de Pilar ya se había marchado antes a la Ciudad Condal y esto facilitó su integración.

A la familia de Encarna Bausa, de Granada, le costó más, iban poco preparados tras subir Despeñaperros, pasaron frío y se alojaron en una casa sin agua corriente. A los hijos de Frasquito ver el mar por primera vez compensó el sufrimiento. Eso sabe muy bien lo que es Lola Pascual, que asegura, sin dudar, que vivió “en el tercer mundo”, sin salir de Alcaucín (Málaga) en el año 40. Unos años después, Salvador Corbacho, rondeño de nacimiento, comprendió que en Sidi Ifni no había nada bueno. Allí fue destinado para hacer la mili y asegura que, si hoy sigue vivo, es porque es “más duro que un guijarro”. Y fortaleza es la que demostró tener Esperanza González, una sevillana que se recorrió toda España con su marido, que trabajaba en una empresa de pozos de petróleo. Hace 43 años, en Peñarroya (Córdoba), tuvo un aborto y fue operada en su casa, sin anestesia, mientras su marido alumbraba con una linterna.

En esa época difícil había mucho compañerismo en el trabajo, según los testimonios recogidos, y algunos se contentaban con poco. El jiennense Juan Aranda aún se emociona cuando recuerda los buenos ratos que pasaba cazando con su perro Zambombo. Y hay otros, como José Lázaro, que siempre miran con optimismo hacia atrás. De Jaén se fue a Madrid en busca de un futuro mejor y celebró su boda, eso sí, siete meses después de lo previsto y con los pollos y el conjunto musical pagados. “Fui con un familiar a Las Ventas para ver un combate de boxeo y tuve un accidente de moto; en el hospital una monjita me dijo que eso era una señal de Dios”, comenta entre risas.

Algunos se casaron hace décadas por amor y otros, también, para saciar “su hambre de madre”. Concha Muñoz pasó su adolescencia cómodamente con su abuela en Lucena (Córdoba), pero no dudó en contraer matrimonio para emigrar a Cornellá (Barcelona) y estar más cerca de su madre, a la que hacía 9 años que no veía. La emigración fue la salida para familias que hicieron sus maletas de madera en la postguerra. El viaje de Granada a Barcelona que hizo Antonio Oya en tren duró 24 horas y le costó 20 duros.

Antes, otros tuvieron que partir contra su voluntad, como la almeriense Francisca Caparrós, una niña de la guerra que poco sabía de la situación del país cuando cruzó los Pirineos. El cordobés de Montilla Mariano Águila, encarcelado por repartir octavillas a mediados de los 50, sí sabía de política. Sobrevivió, como Máximo López. Él se fue de Sevilla a Madrid y se colocó en unos talleres de la Marina. Tenía 20 años y la mitad los había pasado dando el callo.

Entre los mayores de 55 se esconde una generación de grandes currantes. Francisco Martín Jiménez era el hijo de un carabinero de Adra (Almería) cuando con 16 años empezó a estudiar Magisterio, una carrera que se costeó repartiendo suscripciones de novelas por entregas. Pero, como el dinero no le llegaba, se alistó en la Marina. “En el 57 ganaba 711 pesetas y me busqué otro empleo de ayudante de un cirujano, incluso enviaba dinero a mis padres”, relata.

Trabajo duro y gratificante. José Garrido, de Lahiguera (Jaén), emigró a Cataluña, ha pasado toda su vida en la empresa de autobuses La Vallesana, pero cada año pasaba al menos tres semanas de vacaciones en Andalucía como chófer de excursiones. Josefa Suardiez, nacida en Rociana (Huelva), no duda en regresar cada 8 de septiembre para ver a la Virgen del Socorro que, en el peor año de sequía que recuerda, trajo la lluvia tras pasear en andas por el campo.

María Isabel Vázquez fue la niña pobre de Las Mercedarias de Almería y, cumplidos los 50, se ha convertido en una promesa del teatro. Rosalía Cobos, una granadina que pasa su jubilación en Murcia, canta, pinta, lee y sólo tiene libres los viernes por la tarde. Son otros tiempos que también les ha tocado vivir. Quizás el Canal 7 de Nueva York no dedique ni un minuto de gloria más a Enrique Panadero, pero su historia ya está registrada en los anales.

> El Archivo de la Experiencia visitará Andalucía. El 21 de abril grabarán los primeros testimonios en Sevilla. Información en 902 108 504 y en www.archivodelaexperiencia.es.

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