Los científicos europeos llaman a la UE a doblar la inversión en biomedicina

  • Los organismos de investigación médica de los Veintisiete más Islandia, Suiza y Turquía avisan del coste social de la infrafinanciación de la ciencia · Europa sigue perdiendo competitividad ante EEUU

Sólo Finlandia y Suecia han hecho los deberes impuestos por la Conferencia de Lisboa de 2000, que pretendía situar a Europa en la senda de la sociedad del conocimiento. Ese discurso político se ha instalado en el Viejo Continente, pero los esfuerzos realizados son insuficientes. Si no hay resultados pronto, Europa quedará descolgada más aún en términos de competitividad no sólo de EEUU, sino de las otras economías emergentes que sí están empezando a cimentarse sobre un sistema de conocimiento científico bien engrasado. Salvo los dos ejemplos nórdicos, ninguno de los Veintisiete (ni siquiera de los Quince) ha superado el objetivo de destinar al menos un tres por ciento de su PIB a desarrollar políticas de I+D. España invierte el 1,2 por ciento. El objetivo del Gobierno es alcanzar el dos en 2010.

Los principales organismos científicos del área biomédica de los países comunitarios más los de Islandia, Suiza y Turquía acaban de publicar un informe de situación y prospectiva que destaca entre sus conclusiones la necesidad de doblar la inversión europea en el desarrollo de la investigación biomédica en la próxima década para corregir el rumbo que han tomado las cosas, con repercusiones más allá, mucho más allá, de las fronteras del ámbito académico: la debilidad del sistema científico europeo ha propiciado -según se desprende de este informe- que las empresas de investigación biomédica radicadas en Europa estén invirtiendo ahora mismo más dinero en proyectos de I+D ubicados en EEUU que en los países de la Unión.

Son trece los expertos internacionales que firman este análisis -Present status and future strategy for medical research in Europe-, respaldado por la Fundación Europea de la Ciencia y agrupados bajo la rúbrica colectiva de los Consejos Europeos de Investigación Médica (EMRC es su acrónimo inglés). Todos los firmantes saben de lo que hablan, por su trabajo en el Inserm francés, el Ministerio de Educación y Ciencia español o el Medical Research Council británico.

Partiendo de la existencia de factores sociales, históricos y culturales que influyen en la idiosincrasia europea a la hora de la valoración social y económica de la ciencia, los expertos constatan que, en términos relativos, la economía estadounidense dedica a investigación médica más del doble de lo que invierte la economía europea. Como consecuencia (y como causa), existen en ese país un sector biomédico privado que genera empleo y un sistema de conocimiento público-privado que hacen de la medicina norteamericana la locomotora del conocimiento aplicado en este campo.

Independientemente de las repercusiones económicas que pueda entrañar para Europa el verse abocada a importar tecnologías biomédicas que no ha sido capaz de desarrollar en su ámbito de influencia, bajo estas ineficiencias laten riesgos para la pervivencia de algunas conquistas sociales que forman parte de las señas de identidad de la Unión Europea: las demandas de asistencia sanitaria y de protección social relacionadas con ésta de los ciudadanos no van a parar de crecer hasta, al menos -a decir de los expertos- mediados del siglo XXI . Del informe de los EMRC se deduce claramente que sólo mediante el fortalecimiento de un sistema de conocimiento que conecte con eficacia los laboratorios de investigación básica, la docencia universitaria, las aplicaciones clínicas y el mundo empresarial va a ser posible atender las necesidades ciudadanas de una mejor asistencia sanitaria, de acceder con garantías a una prestación farmacéutica de calidad o de contar con un sistema de dependencia que sea capaz de aportar soluciones eficaces a un estilo de vida dominante que ha hecho de la salud el centro del concepto del bienestar.

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