Barberán vive otra polémica suspensión en La Maestranza

  • El novillero algecireño y alternantes han escrito en el acta su voluntad de torear

La decisión unilateral del presidente Juan Murillo, que se ha basado en el estado del ruedo acogiéndose al artículo 62 del nuevo reglamento taurino andaluz, ha dado al traste con el festejo previsto para la tarde de ayer en La Maestranza de Sevilla.

A la hora de la suspensión, siete menos veinte de la tarde, no llovía en Sevilla, incluso el cielo estaba despejado. El último chaparrón había caído en torno a las cinco de la tarde. Y desde luego, el ruedo se encontraba en mal estado, sobre todo en los medios, donde los operarios trabajaban para tratar de arreglarlo. A las ocho y media de la tarde -dos horas después de la fijada para el comienzo- volvía a llover, y fuerte.

En esta novillada iban a actuar Pepe Moral, Salvador Barberán y Miguel Ángel Delgado, con un encierro de Guadaira.

El presidente justificó su decisión señalando que "el ruedo no se ha arreglado en tres días y estaba enfangado" además de recalcar que había tomado esa drástica medida "en base al peligro que corrían los toreros" .

Juan Murillo también explicó que prefería suspender "antes de verme obligado a cortar la corrida al segundo toro".

El malestar de la empresa ante la cuarta suspensión de un festejo de abono en lo que va de año era patente en los minutos posteriores a la suspensión.

Eduardo Canorea, cogerente de la empresa Pagés, señalaba que "los toreros no son sinvergüenzas ni golfos, son matadores de toros y de novillos; estos señores no son nadie para decir si se torea o no se torea".

Canorea afirmaba estar "muy en desacuerdo con la redacción del artículo 62". Dicho escrito permite a los presidentes suspender los festejos sin tener en cuenta la opinión de los actuantes.

En la misma línea, Ramón Valencia, el otro cogerente de la empresa, también afirmaba que "la empresa quería darla", antes de desvelar que los tres novilleros anunciados esta tarde serán reubicados, por orden de antigüedad, en los puestos libres que la empresa Pagés había previsto en las novilladas de abono.

Los tres novilleros firmaron el acta de suspensión incluyendo en su redacción su voluntad de torear. Después abandonaron el ruedo con evidentes gestos de desolación e impotencia.

A Barberán le había tocado el lote con los utreros 94 "Podador I", jabonero de 472 kilos y 92 "Podador II", negro mulato de 487 kilos.

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