Suspensión con escándalo

  • Tercera corrida frustrada consecutiva en la Feria de Abril 2008. El presidente toma una decisión polémica, con la oposición de los tres diestros, que se 'hicieron fuertes' en el platillo

La pregunta estuvo en la calle durante toda la mañana y primeras horas de la tarde ¿Se celebrará hoy la corrida? Los dos festejos anteriores se habían suspendido por lluvia. Las previsiones meteorológicas señalaban un 90 por ciento por la misma causa. Además hubo momentos en que soplaban rachas de viento. El piso de plaza estaba en pésimo estado. Todo indicaba que a mediodía, a las doce de la mañana, en el momento del sorteo y apartado, llegaría la suspensión. Pero no fue así. Hubo unos claros. Y los representantes de los toreros, los hombres de las cuadrillas, decidieron que se celebraría la corrida. Se celebró el sorteo. Los seis toros de Alcurrucén -Pianista, Secretario, Cornete, Gritón, Poca-Barba y Deseaíto- serían lidiados a las seis y media de la tarde por los matadores Salvador Vega, Salvador Cortés y Daniel Luque.

Cuando el público accedía a la Maestranza, escasos minutos antes de la hora prevista de comienzo, el cielo amenazaba cárdeno. Descargó, entonces, un leve chaparrón. Era ya la hora del paseíllo y apareció un mozo con una pizarra en la aparecía que el festejo se demoraba 30 minutos. En ese instante hubo algunos pitos.

Salieron los tres espadas para comprobar el ruedo y recibieron algunos aplausos. En los tendidos se escuchaban todo tipo de opiniones, desde aquellos que querían que se suspendiera el festejo "porque el ruedo está impracticable", a aquellos otros que afirmaban que "los toreros tienen que torear. Ya no llueve y yo he visto corridas en las que el ruedo sí que estaba impracticable". Entre tanto los espectadores se postulaban en una u otra de esas ideas, entrebarreras se cocía una pugna entre el presidente, Antonio Pulido, y los tres matadores de toros, apoyados por sus apoderados y sus cuadrillas.

Los tres diestros decidieron de común acuerdo que iban a torear y que para ellos el piso de plaza era practicable. En realidad, no estaba en buen estado. El presidente, acogiéndose al artículo 63 del Reglamento Taurino de Andalucía, suspendía, aludiendo a la peligrosidad del piso de plaza para los toreros, potestad de la autoridad según determina el artículo 63.

Cuando eran las siete menos diez -todavía no había transcurrido la media hora señalada anteriormente- salió nuevamente un mozo con la consabida pizarra en la que se señalaba que la corrida quedaba suspendida. Los toreros querían torear a toda costa y no acataban la orden presidencial. A partir de ahí, se montó un número que resultó surrealista. A las siete menos diez, el presidente mandó al Delegado para que los toreros, en el ruedo, con los capotes sin liar, entraran al callejón. Al de la pizarra con el letrerito de la suspensión no le dejaban salir los toreros de las cuadrillas y tuvo que hacerlo escoltado por la policía. A las siete menos cinco lucía el sol, no hacía viento y los matadores decían que toreaban. Entonces acudió la policía. Los diestros se hicieron fuertes en el platillo. El delegado les quería convencer. Y en escaso tiempo les envolvieron seis policías nacionales como castillos. Después de 8 minutos discutiendo en el platillo, el delegado se marchó al patio de cuadrillas. Según los toreros, no fueron recibidos por el presidente, que fue inflexible en su decisión.

Por otro lado, el empresario Eduardo Canorea, señalaba que otra propuesta que había surgido, la de aplazamiento, no le interesaba a la empresa y que si decidía que el festejo no se daba no habría aplazamiento.

Otro de los aspectos surrealistas es que durante esa media hora, que había dado el presidente como aplazamiento a su decisión definitiva, no trabajaron operarios en la mejora del ruedo ¿Entonces, para qué esa media hora?

Los espectadores, sin ningún tipo de información -salvo el par de mensajes por el anacrónico medio de la pizarra- miraban perplejos todas las escenas relatadas. Había división de opiniones. Unos, como un grupo de riojanos con los que hablamos, se sentían dolidos por la suspensión, al igual que unos jóvenes que se marchaban a la feria. Otros, por el contrario, como un par de aficionados, decían que el piso de plaza no se encontraba para que los toreros se pudieran lucir. A las 19,30, casi una hora después de la hora señalada para el inicio previsto, comenzaron a despoblarse totalmente los tendidos. Según toreros y apoderados, el presidente todavía no había aparecido.

Algunos espectadores, desilusionados, arrojaban sus almohadillas al ruedo.

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