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Al huerto y sin saber salir de él

  • En una sola jugada, en el minuto 63, el once de Jiménez fue el Sevilla de siempre ante un rival que lo llevó a su terreno · El centro del campo ni unió ni propició la transición

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Parecía imposible que todo saliera tan mal, pero así fue. Si el primer gol no levantaba tantos temores por lo tempranero y por los precedentes en otros choques (la ida en Nervión o en cuartos con el Valencia), lo cierto es que un mal arranque de partido le costó al Sevilla la final. Dadivoso en defensa tanto a balón parado como en movimiento y contagiado por el fútbol directo del Athletic cuando quiso atacar, el equipo de Jiménez, que ya salió empequeñecido por el ambiente, se fue quedando más y más lejos de su objetivo.

Jamás jugó su fútbol. Mentira, sí lo hizo en el minuto 63, pero sólo fue una jugada, una sola jugada en todo el partido, o el simulacro de partido en que el Athletic -lógico- convirtió el choque tras marcar el 1-0, que ya lo clasificaba.

Defensa

Un desastre. No se puede decir más. No se salvó ni Squillaci, aunque fuera el más decente. Es verdad que no tuvo ayuda delante, pero ya en el túnel de vestuario el Athletic olió que en cada balón al área iba a ser un flan. El partido y el ambiente se comieron a muchos futbolistas y de algunos, como Fernando Navarro, no se esperaba.

Ataque

Caparrós ordenó una doble pantalla con Kanoute cada vez que sus compañeros lo buscaban y el malí rara vez cazó un balón. Un hombre alto delante de él y otro muy pegado a él por detrás. Así de sencillo. El resultado para el once de Jiménez era un colgar y colgar balones sin sentido con la ventaja siempre para los hombres del Athletic. Adriano se arrugó, Jesús Navas estaba muy solo, Renato nunca hizo las transiciones y Romaric no lucía el físico del sábado. El caso es que el Sevilla se había metido en el huerto al que lo llevó su rival y no supo salir de él. Buscó su mismo camino pero ese juego no lo domina. Nunca ganó un rechace porque no se colocaba bien para las segundas jugadas y ni el revulsivo de los cambios sirvió para cambiar la dinámica de un encuentro que en la segunda mitad sí tuvo algo de más control sevillista, pero sin ser fiel a su juego, a ese fútbol en el que debe imponerse por calidad. Sólo ocurrió eso durante un minuto, el 63, pero la jugada no acabó en gol.

Virtudes

No perder la fe, pero eso no puede ser considerado una virtud.

Talón de aquiles

Muchos errores, demasiados en una cita casi histórica. La defensa una vez más fue un dolor en cada balón al área y el centro del campo no existió ni para impedir esos balones colgados ni para ayudar con transiciones al ataque.

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