Un acierto que le consolida como líder

  • Las urnas validan la decisión de separar las elecciones contra la opinión de Rubalcaba y sitúan al secretario general del PSOE-A como gran referente frente a Rajoy y único candidato al congreso ordinario

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Si algo se le ha reprochado a José Antonio Griñán en los casi tres años que lleva al frente de la Junta de Andalucía y -algo menos- del PSOE-A es que prácticamente todas las decisiones que iba tomando se convertían en desaciertos. Sin embargo, la más trascendente de todas, en la que se jugaba el futuro propio y de su partido, Griñán ha logrado un acierto pleno, que le permitirá con toda probabilidad consolidar definitivamente su liderazgo al frente del socialismo andaluz.

Cuando en el verano pasado José Luis Rodríguez Zapatero anunció que convocaba anticipadamente las elecciones a Cortes Generales, quedó abierta la posibilidad de que las autonómicas andaluzas, coincidentes con las legislativas estatales desde el 1996 hasta 2008, se celebraran también en noviembre o se mantuviesen en marzo, agotando la legislatura.

El candidato del PSOE a presidente del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, intentó convencer a Griñán de que mantuviese la coincidencia electoral. Pensaba el hoy secretario general socialista que tenía más opciones así.Griñán se negó varias veces a ello. La última y definitiva fue en su domicilio de Mairena del Aljarafe, adonde Rubalcaba había ido a verle.

Griñán estaba convencido de que sus opciones pasaban exclusivamente por separar los comicios; apartarse del hundimiento que la gestión de Zapatero suponía y contrastar en tres meses de Gobierno del PP las políticas de Rajoy con las que desarrolla el PSOE en Andalucía.

La jugada era arriesgada: en ella ponía en juego no sólo la hegemonia socialista en la comunidad, que ya lo estaba, sino su propio futuro político como dirigente, porque la posible mayoría absoluta que los sondeos auguraban al PP hasta hace una semana casi le inhabitaba para volver a presentarse a un congreso del socialismo andaluz, no por haber perdido tres elecciones consecutiva, sino por perder el Gobierno de la comunidad.

Los electores ayer confirmaron que, contra el pronóstico demoscópico, Griñán acertó en la más trascendente de sus decisiones: cuándo votarían los andaluces.

Ese acierto le habilita hoy, pese a perder el PSOE por primera vez las autonómicas en 30 años, no sólo para seguir gobernando Andalucía, probablemente en coalición con IU, sino para presentarse como único candidato al congreso regional ordinario que el PSOE celebrará en unos meses.

Las fuertes y enconadas disputas vividas en el seno del PSOE andaluz en los últimos tres años, precisamente desde que Griñán decidió alterar el guión y forzó un congreso extraordinario, auguraban que si perdía el Gobierno de la Junta de Andalucía, los distintos sectores críticos que existen en las provincias de Sevilla, Cádiz, Jaén, Córdoba, Granada o Almería trataran de aglutinar un candidato propio.

De hecho, algunos de los episodios vividos en los últimos meses -congreso federal en Sevilla y elaboración de las listas para estos comicios- hacían presagiar que el PSOE estaba inmerso en una pelea por los restos de un naufragio, pero los electores han decidido no sólo que la nave siga a flote, muy cerca del PP, sino con una potente escolta de IU para su armada.

La consolidación de ese liderazgo orgánico de Griñán se dejará notar incluso antes, tras su previsible investidura como reelegido presidente de la Junta de Andalucía.

La elaboración de su nuevo Gobierno la abordará Griñán con aún más libertad que la habitual al designar a los consejeros. Y no es un asunto menor, porque si referenciarse frente a las políticas conservadoras de Rajoy le ha permitido perder con menos de cincuenta mil votos de desventaja, a partir de esta legislatura el Gobierno de la Junta se convertirá en el principal instrumento del socialismo para hacer oposición al Ejecutivo central del PP, como ya ocurriera en los mandatos de José María Aznar con Manuel Chaves como presidente andaluz y Griñán, en el segundo, como responsable de la política económica regional.

Ese papel y su recién estrenado cargo de presidente federal del partido le situarán como un referente nacional, un aliado natural de Alfredo Pérez Rubalcaba, precisamente el candidato que no apoyó en el 38º Congreso Federal de Sevilla.

Andalucía, aun perdiendo las elecciones, seguirá siendo el principal bastión del PSOE y es posible porque Griñán se empeñó en celebrar elecciones separadas: un gran acierto tras una retahíla de errores que hoy quedan minimizados y que fraguan definitivamente el liderazgo socialista que hasta ahora se le había discutido.

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