penal y gol, es gol

Para dejar de ser boludo...

... hay que dejar de ser portero. El ingrato trabajo de custodiar el arco está plagado de ingratitudes

Jorge Colipe / Deportes@elalmeria.es | Actualizado 08.11.2010 - 01:00
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EN la película Rudo y Cursi, con esta frase, el representante de jugadores Batuta, -el actor Guillermo Francella, amigo de Darín en El secreto de sus ojos-, trata de indicarle el camino a Beto -Diego Luna-, el desdichado portero del Atlético Nopaleros, para alejarse de la imagen de perdedor. Una sugerencia para nada despreciable, si partimos de la convicción que desde que el fútbol es negocio todo gira alrededor del resultado; por ello, agrega Batuta "nadie se anima a hacer algo distinto, es el miedo a fallar... es como tener una pistola en la cabeza". La pasada semana vimos como Valdés y Casillas fallaron en sendos goles contrarios, con sus correspondientes empates. De haber perdido, sólo se hubiera hablado de ellos, de sus errores, de cómo un fallo en la salida dilapida las paradas más milagrosas que tantos puntos otorgan al final del campeonato. De Gea a lo mejor podría haber hecho algo más en el gol de Piatti, al igual que Javi Varas en los goles del Barça al Sevilla, el portero seguramente se habrá sentido el más boludo de la jornada. Zubizarreta tuvo su especial momento de gloria y no hace mucho el cancerbero del Liverpool, Pepe Reina, cantaba con su equipo y con la Roja en Buenos Aires, en un partido para el olvido. En el pasado Mundial, el Jabulani se cobró la vida de varios porteros fuera de tempo, con un balón que los ridiculizó, transformándoles en los hazmerreír del verano, firmando en propiedad goles absurdos que dieron la vuelta al mundo. Por ello abandonó el campo de juego Khalid Askri, portero del FAR Rabat, quien una semana antes paró un penalti por la Copa de Marruecos, pero al no seguir la jugada, el balón, después de un efecto raro, entró en el arco y dejó a su equipo eliminado, y a él con el título de "el portero más tonto del mundo". Digan lo que digan, el ingrato trabajo de custodiar el arco está plagado de ingratitudes, siempre se acordarán del gol que fue, y no del que se evitó. El problema del amor a la pelota, es que ella, siempre quiere con todos.
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